Los Cristianos Europeos

Escrito por renacimientogotico 20-10-2015 en Religión. Comentarios (0)

La mayoría de los europeos y eurodescendientes hemos crecido en una sociedad cristianizada y hemos sido criados en un ambiente familiar en el que esta religión ha tenido una presencia más o menos importante. Sin embargo muchos de nosotros sentimos que el monoteísmo abrahámico nos chocaba, no encajaba con nuestra espiritualidad. Desde una perspectiva folkish, la religión es algo ligado a un pueblo y, del mismo modo que crecemos con una lengua materna y nos resulta familiar hablarla a diferencia de otras lenguas sin que por ello se pueda hablar de una “lengua verdadera” frente a “lenguas falsas”, la religión en la que crecemos es la que consideramos como propia, distinta de la de los demás pueblos. No obstante, el carácter universalista del cristianismo y de otras religiones no encaja en esta concepción. Esto nos lleva a indagar más, a buscar el origen de las cosas… y finalmente a darnos cuenta de que nuestra Tradición se remonta a mucho más tiempo que los últimos siglos marcados por el cristianismo. Es así como muchos llegamos a encontrar nuestro camino nativo.

  Ocurre que, cuando esto sucede, solemos sentir rechazo hacia el cristianismo, hacia la destrucción de templos, arboledas sagradas y santuarios que hicieron los cristianos en el pasado. Sentimos rabia por ello y es muy común que ello despierte beligerancia hacia el cristianismo, hacia la Iglesia y sus privilegios… sin embargo, nos encontramos en una sociedad que se rige por el calendario cristiano, que celebra oficialmente las fiestas cristianas, nuestros propios familiares y amigos son cristianos ¿qué hacer entonces? ¿Podemos celebrar la Navidad o cualquier fiesta cristiana con nuestra familia? ¿Qué actitud debemos tomar hacia el cristianismo y los cristianos? Muchos nos hemos hecho preguntas parecidas.

  Lo cierto es que recuperar nuestro camino nativo nos hace conectar con nuestros ancestros, con nuestro Pueblo, con lo que somos realmente. El Ásatrú no es algo que uno elija, es lo que somos, son nuestras raíces. Esto no significa que debamos borrar los últimos 1600 años de la historia de Europa, no podríamos aunque quisiéramos, pero tampoco es deseable ya que el alma europea ha seguido viva a pesar del barniz cristiano de los últimos siglos. Podemos criticar aquellas ideologías o creencias que de algún modo entendamos que encierran alguna forma de tiranía, como el cristianismo, el islam, el liberalismo, el marxismo, el fascismo… pero eso no significa que no debamos respetar a las personas que profesan esas creencias o tienen esas ideas. Si adoptásemos una actitud hostil hacia los cristianos europeos, que son nuestros hermanos de sangre, cometeríamos el mismo error que se ha ido cometiendo en los últimos siglos, ya sea con las guerras de religión entre católicos, protestantes, ortodoxos… u otras ramas del cristianismo; ya sea por los enfrentamientos que han provocado las ideologías salvíficas herederas del mismo en los siglos XIX y XX, incluyendo dos guerras mundiales cuya devastación y consecuencias fueron atroces.

  Para nosotros el sentido de Pueblo, la sangre, está por encima de todo. Nuestros familiares, nuestros antepasados recientes, son parte de nuestra estirpe, son parte de nuestro Pueblo, aunque en las últimas generaciones hayan sido cristianos. Podemos diferenciar entre el Pueblo Interno, aquellos europeos que han vuelto a su camino nativo, ya sea el Ásatrú u otra expresión de la religión nativa europea, y el Pueblo Externo, formado por aquellos europeos que no lo han hecho. Debemos cuidar y engrandecer el Pueblo Interno, pero no perder jamás de vista que el Pueblo Externo también es parte de nuestro Pueblo. Que son nuestros hermanos, aunque sean cristianos, agnósticos, ateos… y en muchos casos, aunque se digan cristianos o sin religión, actúan y piensan de acuerdo a los valores nativos de nuestra Tradición en su vida cotidiana. Muchos europeos que se consideran cristianos lo son por herencia familiar o porque nunca se han cuestionado la espiritualidad en la que han sido criados, pero en su manera de ser y actuar respetan las Nueve Nobles Virtudes mucho más que algunos que se consideran a sí mismos odinistas.

  Todas las fiestas cristianas son fiestas con un origen muy anterior a la cristianización de Europa, por lo que si nuestra familia las celebra en el fondo está celebrando lo mismo que celebraban nuestros antepasados (los ciclos naturales, honrando a los difuntos…) aunque llamen a la fiesta con el nombre cristiano. Esto quiere decir que no hay ningún problema en celebrar en familia Yule, aunque tu familia la llame “Navidad”, o celebrar la Noche de Invierno, aunque para tu familia sea “el Día de los Difuntos”, etcétera. Eso sí, no está de más nunca explicarle a la gente cuál es el origen de las fiestas que celebra y potenciar así nuestra Tradición milenaria, haciéndoles ver que lo que ellos consideran “tradicional” se remonta a los últimos siglos de cristianismo, pero que tiene un origen mucho más antiguo y que este fue desvirtuado.

  Muchos ateos o agnósticos lo son por desencanto con la espiritualidad monoteísta y abrahámica que han conocido o por desafección hacia las instituciones cristianas en las que se han educado o a las propias Iglesias cristianas. Otros se mantienen cristianos por tradición, olvidando que su tradición va más allá de los últimos dos mil años. Otros se refugian en ideologías salvíficas y cambian el concepto de Dios por la adoración materialista de “los Mercados”, “la Nación”, divinizada por el liberalismo y luego por el fascismo, o “la Clase Obrera”, divinizada por el marxismo. Estas personas en muchos casos sienten curiosidad por la Vieja Religión cuando la conocen y se ven atraídos por ella. No debemos caer en la actitud proselitista a la que nos tienen acostumbrados las religiones universalistas, no tenemos que convencerlos o tratar de atraerlos a nuestra fe. Lo que si podemos hacer es informarles si ellos preguntan, tratar de guiarles si acuden a nosotros, pero seguir un camino espiritual ha de salir del corazón de cada persona y no debe ser inducido por nadie.

  En definitiva, podemos criticar las creencias o ideologías pero siempre respetando a las personas que las profesan en tanto en cuanto ellos nos respeten a nosotros. No obstante hay que centrarse en construir lo propio más que en destruir lo ajeno. El tiempo que empleamos en pensar en los otros es tiempo que estamos dejando de emplear en crecer nosotros espiritualmente y como personas, en que crezca nuestro Pueblo Interno y en recuperar nuestra Tradición. En muchos casos yo me he dejado llevar por esa rabia, esa beligerancia hacia otros, pero lo cierto es que es un error y que actuando de esa manera desperdiciamos energías que bien podemos emplear para construir nuestra fe. Ásatrú no es odio contra nadie, es amor por nuestras raíces.