Renacimiento Gótico

Blog dedicado al Renacimiento Gótico de España.

La Hispania Gothorum es la matriz cultural de todos los pueblos y etnias de la Península Ibérica.

Carlistas: Los Paganos del siglo XIX

Escrito por renacimientogotico 24-10-2015 en Historia. Comentarios (0)

El título de esta entrada puede sorprender, ¿cómo va a tener algo que ver con el paganismo un movimiento social de cristianos integristas que defendía la Inquisición y el absolutismo monárquico? La pregunta es muy razonable, pero intentaré contestarla a lo largo de la entrada. A nivel teórico el carlismo es un movimiento cristiano integrista que nada tendría que envidiar hoy al yihadismo en los países islámicos. Sus líderes generalmente eran sacerdotes fanáticos y generales que defendían a ultranza la Monarquía Católica, es decir un Estado teocrático y con el Dios cristiano como centro de todo. El carlismo (o el miguelismo en Portugal) es un movimiento similar al realismo francés que surge tras la Revolución Francesa.

Todo eso es cierto, pero no debemos perder de vista que el carlismo es el movimiento social más antiguo de Europa de los que siguen actualmente teniendo vigencia. El socialismo tiene 150 años, el fascismo apenas 70 años… pero el carlismo, si tomamos como antecedentes el tradicionalismo durante el reinado de Fernando VII, tiene cerca de 200 años y aún existe, sigue habiendo partidos carlistas y en determinadas zonas tiene cierta importancia social. Sigue habiendo un pretendiente legitimista al trono de España, Carlos Javier II de Borbón-Parma. Esto quiere decir que el carácter popular de este movimiento, su arraigo entre el campesinado, no se pueda explicar sólo pensando en una cúpula de fanáticos integristas… sino que es algo más complejo que eso.

¿Por qué paganos?

Cuando hablamos de paganismo, en mi opinión, más que a la religiosidad nos estamos refiriendo a la manera de vivir, a las costumbres. El paganismo es un modo de vida y la prueba es que la Iglesia de Roma declaró una cruzada contra Irlanda, ya cristianizada, porque sus costumbres seguían siendo paganas. Cuando surge el cristianismo, este lo hace en las ciudades, se consideraba la religión de los civilizados, de Roma, frente a los bárbaros salvajes que vivían en el pagus, en el campo, y mantenían en su ignorancia las viejas costumbres. Para los romanos el término pagano era algo despectivo, eran rústicos ignorantes que, del mismo modo que no habían recibido la “luz de la Civilización” y seguían siendo salvajes, ahora no recibían la “luz de Cristo” y seguían adorando a los viejos dioses que, para la mentalidad cristiana, eran demonios o ángeles caídos.


En el siglo XIX, al igual que en la Antigüedad ocurre con el cristianismo, el liberalismo nace en las ciudades y es presentado como una ideología revolucionaria que cambia la sociedad por completo. Si Cristo era el camino, la verdad y la vida, los liberales representan la libertad, igualdad y fraternidad para todos. También son vistos como rústicos atrasados aquellos habitantes sencillos del campo que van en contra del progreso y la civilización que representa el liberalismo. Los campesinos, arraigados a su religión (la que consideran suya porque lo ha sido en los últimos siglos), son contrarios al liberalismo y su culto a la Nación deificada. El Estado teocrático es sustituido por el Estado nacional, la Nación sustituye a Dios y el nacionalismo liberal es la nueva religión. El carlismo es, a nivel popular, un movimiento de resistencia contra eso del mismo modo que los paganos en su momento se resistieron contra el cristianismo… y que posteriormente los liberales se resistirían contra el marxismo.

Los paganos que no aceptaban obedecer a la Iglesia eran llamados recalcitrantes durante la cristianización. Del mismo modo, los carlistas serán llamados reaccionarios por oponerse a la revolución liberal. Quienes se desviaban del dogma oficial eran considerados herejes en la Antigüedad, del mismo modo que en el siglo XIX serán tachados de facciosos los que no aceptan el Estado liberal. Si el cristianismo dividió a una población homogénea por su concepto del Bien y el Mal, el liberalismo dividirá a la sociedad entre izquierda y derecha. El Estado liberal querrá controla la educación, del mismo modo que la Iglesia lo hizo. El maestro liberal, llegado desde Madrid, que obliga a los hijos de campesinos vascos (que apenas entendían el castellano) a aprenderse la Constitución, es el equivalente al sacerdote misionero que llegaba a territorio pagano con el catecismo para evangelizar a la gente. El Estado liberal tendrá su religión oficial desplazando al cristianismo aunque lo enmascarará con la idea de Estado laico, como el cristianismo hizo lo mismo al convertirse en religión de Estado y desplazar a las religiones nativas. Los niños pasarán a educarse en la escuela pública en lugar de en la parroquia… como en la Antigüedad pasaron de ser educados por el druida en el bosque o instruidos en el templo de su ciudad, a las manos del clero cristiano.

Del mismo modo que en la Edad Media había ciertas cuestiones que eran anatema de excomunión discutirlas, como la virginidad de María o la naturaleza de Cristo, el liberalismo tendrá sus dogmas intocables, como el progreso, el sufragio universal o la propia democracia que, hasta día de hoy, es un pecado cuestionar. Sólo que en lugar de ser condenados a la hoguera, quienes lo discuten son condenados al ostracismo. Los paganos en la Antigüedad defendían su organización social tribal frente al centralismo de la monarquía, del mismo modo que los carlistas defenderán los fueros  y las libertades de los municipios frente al centralismo jacobino del Estado liberal.

El Realismo en América

Paralelas a la construcción del Estado liberal en España fueron las independencias de las colonias americanas. En América los partidarios de mantener la unión fueron llamados realistas frente a los patriotas, los partidarios de la independencia. Hay que tener en cuenta que en la América española, a diferencia de lo que ocurría en Norteamérica cuando nace Estados Unidos, no había una conciencia de nación americana diferente a la española sino que más bien fue la propia independencia la que provocó que las nacientes repúblicas construyesen esa idea de nación. La prueba es que la idea original de los libertadores era crear una gran república panamericana, pero esta idea se acabó disolviendo cuando los personalismos y el caudillismo, tan presente en América, trocearon el mapa en diferentes Estados. Los movimientos independentistas fueron impulsados por la masonería para acabar con el Imperio Español y permitir la instauración de Estado liberales en sus antiguas colonias con el único propósito de establecer el libre comercio… que beneficiaba fundamentalmente a Gran Bretaña, país en el que el liberalismo estaba más asentado.

Mientras que en época colonial existía en América una sociedad de castas, dividida jurídicamente en república de españoles y república de indios, las independencias y la instauración del liberalismo convirtieron a todos los habitantes de esos países en ciudadanos del Estado, en teoría en igualdad. Eso no pudo ser más nefasto para la población indígena, pues las repúblicas nacientes masacraron en un auténtico genocidio (que la Leyenda Negra achaca a la época colonial) a los mapuches, los araucanos… por idéntico motivo al que los cristianos masacraron en Europa a los paganos, porque eran salvajes y porque su modo de vida era contrario al progreso y la civilización que venía de la mano del liberalismo. Lo mismo ocurrió en el norte, fueron los Estados Unidos independientes, no el Imperio Británico, los que conquistaron el oeste y redujeron a los indios a reservas. No es que dentro del Imperio Español los indios tuvieran una buena vida, estaban colonizados y sometidos, pero la cuestión es que la independencia en nada supuso su emancipación, más bien al contrario. No conviene olvidar esto ahora que las corrientes bolivarianas están tan de moda en América y suelen revestirse de un carácter indigenista o antiespañol.

El primer movimiento anticapitalista

Otro de los rasgos del carlismo es su carácter anticapitalista. El carlismo era antiliberal en lo político… pero también en lo económico, mucho antes de que apareciesen los primeros movimientos obreros. Generalmente nos presentan el liberalismo como el final del feudalismo y nos exaltan las virtudes del Estado liberal, que acababa con los privilegios señoriales, con las aduanas internas entre los reinos y territorios de España (o del país que sea), el que permitió el desarrollo industrial, el que nos trajo el progreso representado en el ferrocarril, el que acabó con las tierras de manos muertas propiedad de la Iglesia gracias a la Desamortización… sin embargo debemos poner todas estas ideas en cuestión.

Lo primero que debemos desterrar de nuestra mente es la idea de que en el Antiguo Régimen todo era feudalismo. Además del poder feudal de los señores, existían las comunidades alodiales, es decir, sitios donde los campesinos eran libres y se reunían en concejos abiertos para decidir las cuestiones sobre el uso del monte, los pastos o el bosque comunal sin injerencia de nadie. Precisamente ese era el caso del País Vasco, donde los fueros reconocían estas asambleas, las llamadas anteiglesias, que aún siguen existiendo hoy en día. Desde la Baja Edad Media las ciudades tenían sus fueros municipales y en ellas ya no existía el régimen señorial, sino que había un modelo de sociedad en el que tenían mayor importancia los artesanos, los comerciantes… y en el que florecía la burguesía como clase social frente a la nobleza terrateniente.

Por otro lado también es falso que las tierras de la Iglesia fueran de manos muertas, como tampoco lo eran las tierras comunales de los municipios, que también fueron desamortizadas, esto es, enajenadas y repartidas entre los grandes capitalistas de la época, formando una oligarquía que lleva dominando España desde entonces. La Iglesia llevaba bien sus explotaciones, permitía a los jornaleros trabajarla con una renta razonable o, al menos, más favorable que la que luego impondrá la burguesía agraria cuando se hizo cargo de ellas. Las tierras comunales de los municipios eran de todos, todo el mundo podía ir a cazar al monte, podía coger leña… y todos cuidaban esos terrenos comunales. El campesino vasco que llevaba generaciones cogiendo leña del bosquecillo cercano a su pueblo, se encontró de pronto con que era propiedad privada y con que un nuevo cuerpo creado a tal efecto, la Guardia Civil, le multaba si cogía leña. La desamortización en realidad fue repartirse las tierras comunales y las de la Iglesia entre los grandes señores y la emergente burguesía capitalista.

El desarrollo industrial trajo consigo la sociedad de masas, el campesinado dio paso al proletariado, alienado y sometido a jornadas de trabajo inhumanas pero, eso sí, en las ciudades en lugar de en el campo. Por no hablar de desastres ecológicos llevados a cabo por un desarrollo que para nada fue armónico con el medio. Se crearon tres polos industriales en España: Madrid, Barcelona y Vizcaya, produciendo un enorme desequilibrio territorial en el resto de regiones y provocando que la brecha social entre los propietarios y los trabajadores asalariados fuese cada vez mayor. En cuanto al ferrocarril, fue el origen de las corruptelas, los enchufes, la prevaricación para adjudicar obras del trazado de las vías… y la creación de un sistema financiero dependiente de bancos extranjeros que, en la práctica, supuso entregarle la soberanía a las grandes finanzas internacionales… hasta hoy.

Los logros del liberalismo no fueron tales o, por lo menos, no fue todo tan bonito como tradicionalmente nos han contado. En este contexto debemos entender el carlismo. Más allá de las ideas integristas de los principales cabecillas, fue un movimiento popular de reacción, de defensa de la sociedad tradicional que se tenía, del modo de vida campesino, frente al liberalismo y la industrialización. Es en este sentido el que considero a los carlistas como los paganos del siglo XIX.

Tradicionalismo

El carlismo es un movimiento que se ha considerado siempre tradicionalista. La defensa de la Tradición y de la herencia de nuestros ancestros es siempre digna de elogio y un odinista no puede sino ser tradicionalista en este sentido ya que la base de nuestra fe es que somos uno con nuestros antepasados, que representamos la continuidad de nuestro Pueblo a lo largo de miles de años. Sin embargo, el gran error que cometió el carlismo y que han cometido siempre los cristianos europeos que se consideran a sí mismos tradicionalistas, es reducir la Tradición sólo a los últimos siglos, al cristianismo, perdiendo de vista que nuestra Tradición tiene miles de años y que cosas que se podrían considerar hoy tradicionales en el fondo son sólo una moda pasajera en la historia de nuestro Pueblo, mientras que cosas que alguien podría considerar revolucionarias no son sino el regreso a la Tradición ancestral de hace milenios.


Los Cristianos Europeos

Escrito por renacimientogotico 20-10-2015 en Religión. Comentarios (0)

La mayoría de los europeos y eurodescendientes hemos crecido en una sociedad cristianizada y hemos sido criados en un ambiente familiar en el que esta religión ha tenido una presencia más o menos importante. Sin embargo muchos de nosotros sentimos que el monoteísmo abrahámico nos chocaba, no encajaba con nuestra espiritualidad. Desde una perspectiva folkish, la religión es algo ligado a un pueblo y, del mismo modo que crecemos con una lengua materna y nos resulta familiar hablarla a diferencia de otras lenguas sin que por ello se pueda hablar de una “lengua verdadera” frente a “lenguas falsas”, la religión en la que crecemos es la que consideramos como propia, distinta de la de los demás pueblos. No obstante, el carácter universalista del cristianismo y de otras religiones no encaja en esta concepción. Esto nos lleva a indagar más, a buscar el origen de las cosas… y finalmente a darnos cuenta de que nuestra Tradición se remonta a mucho más tiempo que los últimos siglos marcados por el cristianismo. Es así como muchos llegamos a encontrar nuestro camino nativo.

  Ocurre que, cuando esto sucede, solemos sentir rechazo hacia el cristianismo, hacia la destrucción de templos, arboledas sagradas y santuarios que hicieron los cristianos en el pasado. Sentimos rabia por ello y es muy común que ello despierte beligerancia hacia el cristianismo, hacia la Iglesia y sus privilegios… sin embargo, nos encontramos en una sociedad que se rige por el calendario cristiano, que celebra oficialmente las fiestas cristianas, nuestros propios familiares y amigos son cristianos ¿qué hacer entonces? ¿Podemos celebrar la Navidad o cualquier fiesta cristiana con nuestra familia? ¿Qué actitud debemos tomar hacia el cristianismo y los cristianos? Muchos nos hemos hecho preguntas parecidas.

  Lo cierto es que recuperar nuestro camino nativo nos hace conectar con nuestros ancestros, con nuestro Pueblo, con lo que somos realmente. El Ásatrú no es algo que uno elija, es lo que somos, son nuestras raíces. Esto no significa que debamos borrar los últimos 1600 años de la historia de Europa, no podríamos aunque quisiéramos, pero tampoco es deseable ya que el alma europea ha seguido viva a pesar del barniz cristiano de los últimos siglos. Podemos criticar aquellas ideologías o creencias que de algún modo entendamos que encierran alguna forma de tiranía, como el cristianismo, el islam, el liberalismo, el marxismo, el fascismo… pero eso no significa que no debamos respetar a las personas que profesan esas creencias o tienen esas ideas. Si adoptásemos una actitud hostil hacia los cristianos europeos, que son nuestros hermanos de sangre, cometeríamos el mismo error que se ha ido cometiendo en los últimos siglos, ya sea con las guerras de religión entre católicos, protestantes, ortodoxos… u otras ramas del cristianismo; ya sea por los enfrentamientos que han provocado las ideologías salvíficas herederas del mismo en los siglos XIX y XX, incluyendo dos guerras mundiales cuya devastación y consecuencias fueron atroces.

  Para nosotros el sentido de Pueblo, la sangre, está por encima de todo. Nuestros familiares, nuestros antepasados recientes, son parte de nuestra estirpe, son parte de nuestro Pueblo, aunque en las últimas generaciones hayan sido cristianos. Podemos diferenciar entre el Pueblo Interno, aquellos europeos que han vuelto a su camino nativo, ya sea el Ásatrú u otra expresión de la religión nativa europea, y el Pueblo Externo, formado por aquellos europeos que no lo han hecho. Debemos cuidar y engrandecer el Pueblo Interno, pero no perder jamás de vista que el Pueblo Externo también es parte de nuestro Pueblo. Que son nuestros hermanos, aunque sean cristianos, agnósticos, ateos… y en muchos casos, aunque se digan cristianos o sin religión, actúan y piensan de acuerdo a los valores nativos de nuestra Tradición en su vida cotidiana. Muchos europeos que se consideran cristianos lo son por herencia familiar o porque nunca se han cuestionado la espiritualidad en la que han sido criados, pero en su manera de ser y actuar respetan las Nueve Nobles Virtudes mucho más que algunos que se consideran a sí mismos odinistas.

  Todas las fiestas cristianas son fiestas con un origen muy anterior a la cristianización de Europa, por lo que si nuestra familia las celebra en el fondo está celebrando lo mismo que celebraban nuestros antepasados (los ciclos naturales, honrando a los difuntos…) aunque llamen a la fiesta con el nombre cristiano. Esto quiere decir que no hay ningún problema en celebrar en familia Yule, aunque tu familia la llame “Navidad”, o celebrar la Noche de Invierno, aunque para tu familia sea “el Día de los Difuntos”, etcétera. Eso sí, no está de más nunca explicarle a la gente cuál es el origen de las fiestas que celebra y potenciar así nuestra Tradición milenaria, haciéndoles ver que lo que ellos consideran “tradicional” se remonta a los últimos siglos de cristianismo, pero que tiene un origen mucho más antiguo y que este fue desvirtuado.

  Muchos ateos o agnósticos lo son por desencanto con la espiritualidad monoteísta y abrahámica que han conocido o por desafección hacia las instituciones cristianas en las que se han educado o a las propias Iglesias cristianas. Otros se mantienen cristianos por tradición, olvidando que su tradición va más allá de los últimos dos mil años. Otros se refugian en ideologías salvíficas y cambian el concepto de Dios por la adoración materialista de “los Mercados”, “la Nación”, divinizada por el liberalismo y luego por el fascismo, o “la Clase Obrera”, divinizada por el marxismo. Estas personas en muchos casos sienten curiosidad por la Vieja Religión cuando la conocen y se ven atraídos por ella. No debemos caer en la actitud proselitista a la que nos tienen acostumbrados las religiones universalistas, no tenemos que convencerlos o tratar de atraerlos a nuestra fe. Lo que si podemos hacer es informarles si ellos preguntan, tratar de guiarles si acuden a nosotros, pero seguir un camino espiritual ha de salir del corazón de cada persona y no debe ser inducido por nadie.

  En definitiva, podemos criticar las creencias o ideologías pero siempre respetando a las personas que las profesan en tanto en cuanto ellos nos respeten a nosotros. No obstante hay que centrarse en construir lo propio más que en destruir lo ajeno. El tiempo que empleamos en pensar en los otros es tiempo que estamos dejando de emplear en crecer nosotros espiritualmente y como personas, en que crezca nuestro Pueblo Interno y en recuperar nuestra Tradición. En muchos casos yo me he dejado llevar por esa rabia, esa beligerancia hacia otros, pero lo cierto es que es un error y que actuando de esa manera desperdiciamos energías que bien podemos emplear para construir nuestra fe. Ásatrú no es odio contra nadie, es amor por nuestras raíces.


Portugal es España

Escrito por renacimientogotico 10-10-2015 en Política y Sociedad. Comentarios (0)

“Nem uma só vez se achará em nossos escritores a palavra «espanhol» designando exclusivamente ao habitante da Península não português. Enquanto Castela esteve separada do Aragão e já muito depois que unida, nós e as demais nações da Espanha, Aragoneses, Castelhanos, Portugueses, todos éramos, por estranhos e próprios, comumente chamados «espanhóis» assim como ainda hoje chamamos «alemão» ao Prussiano, Saxão, Hannoveriano, Austríaco: assim como o Napolitano, o Milanês, o Veneziano e o Piamontês recebem indistintamente o nome de Italianos. A perda de nossa independência política depois da jornada de Alcazarquivir, deu o título de reyes das Espanhas aos de Castela e o Aragão, título que conservaram ainda depois da gloriosa restauração de 1640. Mas espanhóis somos, de espanhóis nos devemos apreciar todos os que habitamos à Península Ibérica: Castelhanos nunca”

Estas palabras del escritor portugués Almeida Garret, en pleno siglo XIX, reflejan muy bien a lo que yo me quiero referir en esta entrada. La traducción al castellano es la siguiente:

“Ni una sola vez se hallará en nuestros escritores la palabra «español» designando exclusivamente al habitante de la Península no portugués. Mientras Castilla estuvo separada de Aragón y ya mucho después de unida, nosotros y las demás naciones de España, aragoneses, castellanos, portugueses, todos éramos, por extraños y propios, comúnmente llamados «españoles» así como aún hoy llamamos «alemán» al prusiano, sajón, hannoveriano, austríaco: así como el napolitano, el milanés, el veneciano y el piamontés reciben indistintamente el nombre de italianos. La pérdida de nuestra independencia política después de la jornada de Alcazarquivir, dio el título de reyes de las Españas a los de Castilla y Aragón, título que conservaron aún después de la gloriosa restauración de 1640. Pero españoles somos, de españoles nos debemos preciar todos los que habitamos la Península Ibérica: castellanos nunca”

En la actualidad usamos la palabra España para referirnos al Reino de España, es decir, al Estado español, condicionados por el nacionalismo de Estado surgido con el liberalismo. Pero lo cierto es que España o las Españas es un término que siempre ha hecho referencia a la Península Ibérica con independencia de las divisiones políticas que esta tuviera. España es un ámbito cultural común, por encima de las fronteras estatales que son cambiantes a lo largo de la historia. Debemos alejarnos de esa visión centralista y homogeneizadora de considerar España como un todo y de identificarla simplemente con el territorio que está bajo la jurisdicción de un Estado.


Una Historia y Geografía Comunes

El nacionalismo suele verse muy bien reflejado en el deporte y en los mapas del tiempo. Por eso si uno sintoniza la TV3 el mapa del tiempo muestra los Paisos Catalans, si sintoniza la ETB el mapa del tiempo muestra Euskal Herria… y si sintoniza cualquier televisión de ámbito estatal, el tiempo que se muestra es el del territorio bajo jurisdicción del Estado español, llegándose al absurdo de arrastrar a las Islas Canarias con un recuadro para que aparezcan… pero sin embargo sombrear Portugal. Lo cierto es que la Península Ibérica, delimitada por los Pirineos y rodeada por el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, constituye un mismo espacio geográfico y no tiene ningún sentido hacer esta división política.

De todas las asignaturas que se imparten en la enseñanza obligatoria (en la que el Estado pretende nacionalizar a la población y reproducir la lógica del sistema) quizás la más manipulada de todas sea Ciencias Sociales. La Geografía y la Historia han sido siempre las materias más manipuladas para justificar el presente. Por esa razón se estudia Historia de España comprendiendo sólo el territorio del Estado español, o la historia de cada Comunidad Autónoma, aunque algunas sean tan artificiales como la Comunidad de Madrid. El objetivo de todo nacionalismo es tratar de presentar la nación que dice defender como lo más antigua posible, para justificar proyectos políticos del presente en base al pasado. Pero lo cierto es que si lo miramos con objetividad, la Historia de Portugal ha ido siempre de la mano con la Historia del resto de España.

En la Antigüedad, el territorio de lo que hoy es Portugal estaba poblado por tribus celtas, galaicos en el norte y lusitanos en el sur… tribus que se extendían más allá de las actuales fronteras, pues la Gallæcia abarcaba la actual Galicia y el norte de Portugal y la Lusitania comprendía la mayor parte de Extremadura. Tenemos pues el mismo sustrato indígena y fuimos romanizados a la vez. La provincia romana de Hispania comprendía a toda la Península Ibérica y las Islas Baleares, es por eso que prefiero usar la palabra España (derivada de Hispania) para referirme a la Península en lugar de Iberia, puesto que los pueblos ibéricos ocupaban sólo una parte de la misma y, precisamente, la parte que hoy ocupa Portugal era una zona celta. Viriato, considerado héroe nacional en España, era precisamente lusitano.

En la Edad Media el Reino suevo ocupaba el territorio de la Gallæcia, es decir, actual norte de Portugal y Galicia, y el Reino visigodo ocupó toda la Península Ibérica. Lo que hoy es Portugal, que aún no existía como tal (como no existía Castilla, Cataluña, Aragón…) fue parte de la Hispania Gothorum igual que el resto del territorio peninsular. La Iglesia Católica en Hispania era la misma, tanto es así que el Arzobispo de Braga tenía, como el de Tarragona, la distinción de Primado de las Españas, que aún conserva a día de hoy.

Cuando empezó la Reconquista fue cuando se configuraron las diferentes etnias y naciones que hoy forman España, entre ellas Portugal. El condado portucalense, perteneciente al Reino de León, se convirtió en el Reino de Portugal con Alfonso I, dentro del contexto de las luchas feudales y repartos de las herencias propios del Medievo. No sería muy diferente, por ejemplo, a la separación del condado de Castilla del Reino de León, del condado de Aragón del Reino de Pamplona, o de los condados catalanes con respecto al Reino de los francos. Sin embargo la historia del Reino de Portugal fue paralela a la de los demás reinos hispánicos, se extendió al sur a costa del moro y participó en la Reconquista de la misma forma que los demás. Los portugueses combatieron en la decisiva batalla de las Navas de Tolosa, en la que el rey de Castilla Alfonso VIII arengó a todas las tropas de esta manera:

“Amigos, todos nosotros somos españoles, y los moros han entrado en nuestra tierra por la fuerza y nos la han conquistado, y los cristianos en esa ocasión estuvieron punto de ser exiliados y expulsados de ella”

Portugal estuvo presente en las políticas de alianzas matrimoniales de la dinastía Trastámara y en el proyecto de unificación peninsular. Cuando se produjo la unión de Castilla y Aragón, el rey Juan II de Portugal se quejaba de que fueran llamados reyes de las Españas los Reyes Católicos cuando él también era rey de España. Esta queja estuvo muy presente, incluso en el Tratado de Utrecht, cuando los portugueses protestaron porque se llamase Rey de España a Felipe V cuando no era rey de toda ella.

En la Modernidad nuestros caminos fueron aún más de la mano que en el Medievo. Ambos llegamos al Nuevo Mundo a la vez y levantamos en él un Imperio colonial llegando a producirse en 1580 la Unión Ibérica con Felipe II (que es Felipe I de Portugal), la cual no se rompería hasta la crisis de la Monarquía Hispánica en 1640. En los siglos XVI y XVII los navíos de la Casa de Austria enarbolaron la misma bandera, que bien podría emplearse como bandera nacional en caso de una feliz reunificación peninsular.

Incluso en el siglo XVIII, después de la separación política, los portugueses se consideraban a sí mismos y eran considerados por los extranjeros como españoles. Fue a raíz de la instauración de la nefasta Casa de Borbón en España cuando las diferencias empezaron a acusarse y se comenzó a implantar una homogenización sobre los territorios peninsulares que rompía la diversidad que siempre habían tenido. Se acabó con los fueros de la Corona de Aragón, se comenzó a llamar español a la lengua castellana y denostar a las otras lenguas españolas… pero incluso después de eso, los portugueses siguieron considerándose españoles y los intentos de reunificar la Península Ibérica fueron varios en los siglos XIX y XX.

Si en la Edad Media nuestra historia prácticamente no se puede dividir, en la Modernidad fuimos de la mano… esta dinámica no se rompe con la entrada en los tiempos contemporáneos. España y Portugal combatieron juntas a Napoleón y la Constitución de 1812 fue invocada en 1820 por los liberales portugueses, que usaban el ¡viva la Pepa! como un grito revolucionario. La independencia de las colonias americanas se produjo prácticamente a la vez y las luchas entre liberales y absolutistas fueron también paralelas (carlistas en España y miguelistas en Portugal). Cuando fue derrocada Isabel II, una de las opciones (boicoteada por otras potencias europeas, que veían con miedo la unión ibérica) fue darle la corona al rey de Portugal. El iberismo sería defendido por personas tan dispares como Emilio Castelar, Antonio Cánovas del Castillo, Juan Prim, Joan Maragall, Francisco Pi y Margall, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Francesc Cambó, Enric Prat de la Riba, Alfonso Castelao o Ramiro Ledesma Ramos a un lado de la Raya, y por Teófilo Braga, José Saramago, Oliveira Martins o Teixeira de Pascoaes entre otros, al otro lado de la raya.

En el siglo XX ambos fuimos neutrales en las dos Guerras Mundiales, acabamos con la monarquía casi a la vez (Portugal en 1910 y nosotros en 1931), sufrimos la dictadura de Salazar y Franco, de la que salimos también casi a la vez (ellos 1974 y nosotros 1975). Para el anarquismo no ha habido históricamente diferencias entre Portugal y el resto de España, como quedó demostrado en 1927 con la fundación de la Federación Anarquista Ibérica. Perdimos las últimas colonias en África también casi al mismo tiempo: Angola, Mozambique, Guinea, el Rif o el Sáhara, aunque de diferente manera. También entramos en la Unión Europea de la mano en 1986.

Lo que Ganaríamos Unidos

  En una época en la que lo que predomina es el separatismo, yo creo que la unión hace la fuerza. Una Península Ibérica unida en su diversidad nos aportaría mucho a todos, pero es esencial que dicha unión se produzca de manera correcta. Tal cosa es imposible que ocurra en la actualidad, en el marco de los Estados, pues lo que podría acabar pasando es que se convertiría Portugal en una colonia, lo cual evidentemente no aceptarían los portugueses ni es deseable para nadie. El mayor obstáculo para que la unión se produzca es precisamente el nacionalismo español de Estado. La mentalidad centralista y homogeneizadora que desde la llegada de los Borbones se implantó en España y que se agudizó aún más con el Estado liberal. Pero lo cierto es que Portugal, desde su separación de España, ha sido prácticamente un protectorado británico. En el contexto de las luchas entre el Imperio Español y el Imperio Británico, los portugueses fueron una pieza más en el tablero geopolítico, como lo fueron las colonias americanas.

  El problema como digo está más en este lado de la Raya que en Portugal. Vivimos totalmente de espaldas a ellos y eso debería cambiar si queremos la unidad. En Portugal es bastante común que aparezcan noticias de España en las noticias, aquí no nos acordamos de Portugal salvo cuando ocurre algo significativo allí. El portugués es una de las lenguas más habladas del mundo, que sin embargo en el resto de España obviamos totalmente mientras que ellos sí conocen el castellano. Portugal se separó definitivamente como condado de Castilla en época de Alfonso VI, razón por la cual el miedo a ser castellanizados ha estado siempre muy presente. En vista de que, desde el siglo XVIII, la visión de España ha sido tan castellanista por parte del poder central, es lógico que se ese miedo se acentúe. Esa visión de España centralista, castellana y homogeneizadora es la que ha provocado, entre otras cosas, la desafección de muchos catalanes y vascos… y lo que impide a día de hoy la unión con Portugal. Sólo cambiando esa visión de España, haciéndola plural, será posible un día la unión peninsular con la que tanto ganaríamos todos.


Lugares de Culto en el Odinismo

Escrito por renacimientogotico 08-10-2015 en Religión. Comentarios (0)

En la entrada de hoy voy a hablar brevemente sobre los lugares en los que se suele desarrollar el culto odinista. Después de 1600 años de cristianización de Europa, la idea que mucha gente tiene sobre la celebración de un culto es acudir a un templo, entendido como un edificio lo más suntuoso posible para mostrar la majestad de Dios y una ceremonia reglada, estandarizada y con un ministro que la dirige siguiendo meticulosamente unos pasos, leyendo en un misal lo que ha de decir en cada momento. Esa es la idea que tenemos asociada al cristianismo, que nace en Oriente y como tal copia el ceremonial oriental y una concepción de los dioses como seres superiores, distantes y todopoderosos a los que hay que obedecer y postrarse con temor ante ellos. Las religiones del Próximo Oriente son religiones de Estado, ligadas a una casta sacerdotal diferenciada del resto de la población. El ceremonial por lo tanto responde a esa concepción y es el que tienen religiones como el cristianismo y el islam, pero resulta totalmente ajeno a la concepción tribal europea.

Era Ancestral

Como siempre nuestros antepasados son nuestro punto de referencia a la hora de pensar cómo ha de llevarse a cabo el culto y en qué lugares, sin perder de vista que vivimos en un tipo de sociedad muy diferente a la que conocieron nuestros ancestros y hemos de adaptarnos a ella. Conocemos bastante bien como era el culto en el mundo grecolatino, pero por desgracia la información no es tan abundante con respecto a los pueblos celtas, germanos, eslavos… en definitiva, a aquellos cuya organización no era estatal sino tribal. No debemos perder de vista que la raíz espiritual de nuestra fe se remonta a miles de años atrás, por lo que la relación con los Poderes Sagrados que han tenido nuestros ancestros ha variado mucho a lo largo del tiempo. Tomamos, como en tantas otras cosas, la Era Vikinga como referencia, pues fueron los pueblos escandinavos los últimos en ser cristianizados y es en los países nórdicos donde más vivo están el folclore y las viejas tradiciones.

No obstante, es poco lo que se sabe a ciencia cierta sobre el culto en aquella época y debemos asumir que en el siglo XXI en el que nos encontramos nuestras circunstancias son diferentes y que aunque miremos a nuestros antepasados y tratemos de ser fieles a su espíritu y mantener la esencia de lo que hacían, nuestra manera de rendir culto hoy ha de responder también a nuestra propia experiencia, a nuestra intuición, al ensayo y error de aquello que nos resulta provechoso y sobre todo a lo que nos pide el corazón. Cuando hacemos un ritual ponemos nuestra alma en él, es más importante que sea sincero y de corazón antes que qué sea muy parecido a como lo hacían hace siglos nuestros antepasados. Miramos la historia como una referencia pero el odinismo es una religión viva y como tal debemos, manteniendo siempre la esencia, inventar en nuestros rituales y hacerlos a nuestro gusto. Para aprender sobre cómo era el culto en época vikinga recomiendo el libro de Laia San José Beltrán Quiénes fueron realmente los vikingos, que dedica un capítulo a esta cuestión.

Lugares Sagrados

Cuando los cristianos se convirtieron en religión de Estado en el Imperio Romano no pudieron simplemente cristianizar los templos paganos griegos y latinos porque no eran grandes centros de culto, eran más bien relicarios donde se guardaban las estatuas de los dioses. El culto se realizaba al aire libre. Si esto era así en una sociedad tan estatal como la grecolatina, con más motivo lo fue en el norte. Las religiones nativas europeas, entre ellas el odinismo, tienen una base fuertemente animista y de culto y simpatía por la naturaleza, así es que el culto se lleva a cabo en espacios naturales. Los grandes templos (como las catedrales o mezquitas hoy en día) son sobre todo un fenómeno urbano. Además del componente religioso, son un monumento que se erige la propia ciudad a sí misma como motivo de orgullo y para mostrarle su grandeza a otras ciudades. Por lo tanto en un ambiente rural o pagano, no tiene tanta proliferación este tipo de construcciones y los odinistas preferimos honrar a nuestros dioses en el campo. Para nosotros un es un espacio natural sagrado, un bosque, un río, un lago… para nosotros estos lugares constituyen un santuario. Tendrían especial importancia las cuevas, que desde la Prehistoria se han usado con una finalidad religiosa. Las cuevas son buenos emplazamientos para todo lo que tenga que ver con el chamanismo y la magia, pues son como adentrarse en las entrañas de la Tierra y sentir el abrazo de Nerþus en su interior.

Altares

Una arboleda, un bosque, un río, un lago… pueden ser lugares sagrados o santuarios naturales, pero además de estos, nuestro pueblo ha edificado monumentos megalíticos desde época ancestral. La palabra hörgr hace referencia desde a una gran piedra que puede servir de altar y como lugar para realizar los sacrificios, hasta un dolmen, un túmulo o cualquier otra construcción o montículos de piedras. Estos lugares se encuentran también al aire libre.

Recintos Sagrados

Se trata de espacios sagrados acotados en la naturaleza. En la actualidad es difícil mantener estos lugares por el vandalismo y la falta de respeto que mucha gente tiene cuando sale al campo, pero en la Antigüedad había espacios cercados con bastones de avellano llamados garðr. Su función es más o menos la misma que los lugares megalíticos, acotar el espacio en el que se suelen llevar a cabo los rituales. En cualquier ritual lo primero que se hace es consagrar el espacio con el ritual del martillo para santificarlo, atraer a los buenos espíritus de la naturaleza y ahuyentar a los que nos son hostiles. Un recinto de este tipo estaría ya consagrado permanentemente, así es que estos lugares son como un pedazo de Asgard en medio de Midgard. Para mantener un lugar así en la naturaleza, en el que podrían colocarse estatuas de madera de los dioses, sería necesario un respeto en la sociedad que, sencillamente, hoy no existe.

Hof

Es lo más parecido a un templo que hay en el odinismo pero más que como un templo en el sentido que estamos habituados hay que entenderlo como una granja comunitaria, un Gran Salón comunal. El cristianismo convirtió en iglesias las antiguas basílicas romanas, que eran centros de reunión públicos, que hacían también la función de lonja y palacio de Justicia. La propia palabra “iglesia” deriva del griego ekklesia, que significa “asamblea”. Esto quiere decir que los espacios que hoy denominamos iglesias, los templos cristianos, eran en realidad lugares de reunión comunitarios antes del cristianismo. La palabra parroquia viene del griego παροικία, que significa “cerca de la vivienda”. Eso es lo que tradicionalmente era la parroquia en la Edad Media, un lugar de reunión social y un espacio comunitario, además del sitio donde se llevaba a cabo el culto. En las comunidades alodiales (porque no todo en la Edad Media fue feudalismo) la reunión pública de vecinos, lo que luego sería el concejo municipal, se reunía en la parroquia local. En Castilla La Vieja y el País Vasco es bastante frecuente que las iglesias estén porticadas y pensadas para este uso, incluso hoy en día a las pedanías vizcaínas se les llama oficialmente anteiglesias.

Esto, en la tradición germánica, no es ni más ni menos que la gran sala del caudillo donde se reunía la asamblea de hombres libres, el thing. Este espacio comunitario es el Hof, lugar en el que se rinde culto a los dioses y se celebran algunas festividades en un ambiente familiar, pero además de eso es un espacio comunitario. Un Hof puede ser desde una casa familiar, en la que los abuelos viven y donde se reúnen los hijos y los nietos para ciertas celebraciones, hasta un edificio comunal de un pueblo o un clan.