Renacimiento Gótico

Religión

Los Seres de los Nueve Mundos V: Los Seguidores

Escrito por renacimientogotico 06-09-2015 en Religión. Comentarios (0)

En la entrada anterior hablaba de que, en ocasiones, cuando una mujer muere su espíritu permanece junto a su familia, cuidándola como hizo en vida. Sin embargo, esto no solo ocurre con las Matronas, todos tenemos un espíritu protector o guardián, incluso podemos tener varios.

Cuando nacemos el espíritu de algún familiar nos acompaña para protegernos. Esto ha sido cristianizado como el ángel de la guarda, pero es un concepto que está presente en la espiritualidad europea desde mucho antes de la llegada del cristianismo. Los romanos lo llamaban el genio protector, en nuestra tradición recibe el nombre de fylgja, que puede traducirse como “seguidor”. Suele manifestarse como un animal cuyas características se parecen a la persona a la que acompaña.

Cuando morimos, nuestra fylgja es la encargada de guiarnos para que vayamos al lugar que nos corresponde. Fortalecemos a nuestra fylgja cuando actuamos de manera honorable y en cambio esta es más débil cuando no lo hacemos. En la Era Ancestral se consideraba que cuando un cazador cobraba su primera pieza, el espíritu de ese animal quedaba ligado al suyo y le protegería, pues le había derrotado. Así mismo, guerreros como los berserkers o los ulfhendars podían entrar en trance y ser poseídos por el espíritu del oso o del lobo cuando entraban en combate. Al igual que una persona tiene su propio Seguidor, su espíritu protector, un clan o una familia también tiene el suyo, que recibe el nombre de kinfylgja.

Como entidad viva que es, una tribu o una nación también tiene su propio espíritu protector. Es lo que la teología cristiana identifica con los ángeles Principados, que custodian a las naciones e incluso luchan por ellas en las batallas. A menudo se asocian con santos patrones para que sea más fácil de identificar por la gente (como Santiago Matamoros en el caso de España). En el Romanticismo alemán se habla del Volksgeist, el Espíritu del Pueblo, que hace referencia a esta misma realidad.

Santiago y cierra España

Lo cierto es que, pese al barniz cristiano, los espíritus tutelares de las personas, los clanes y las naciones, han seguido velando por nosotros. Son el alma de nuestros antepasados que sigue a nuestro lado. Los mitos jacobeos en España responden a una doble intención, por un lado tratar de tapar una de las rutas de peregrinación más importante del mundo celta, como era el Camino de las Estrellas (campus estelæ, Compostela) hacia el Fin de la Tierra (Finisterra) por donde se marchaban los muertos. Estableciendo un centro de peregrinación cristiano (la tumba del Apóstol Santiago) se trataba de cristianizar esta ruta de peregrinación. Por otro lado, el culto al dios del trueno Taranis era muy importante en la Gallæcia, por lo que implantar a Santiago el Mayor como patrón de Galicia y de España pretendía también sustituir esta devoción pagana popular. Por eso se considera “hijo del Trueno” a Santiago el Mayor.

Lo cierto es que Taranis, que significa en la lengua celta “el Atronador”, de la raíz taran (trueno) que es la misma que þunraz (trueno en protogermánico), de donde deriva el nombre del dios Thor, es el verdadero origen del mito jacobeo en España. Del mismo modo que el Dios del Trueno nos protege de los Devoradores, nos ha protegido como pueblo en los últimos siglos, aunque en las últimas generaciones se le asociase a un santo cristiano.


Los Seres de los Nueve Mundos IV: Espíritus Femeninos

Escrito por renacimientogotico 05-09-2015 en Religión. Comentarios (0)

Las Matronas, llamadas Dísir en nórdico antiguo, son de manera genérica los espíritus o divinidades femeninas. Entran en esta categoría las Diosas, ya sean Vanir o Ásynjur, pero también las valquirias, las Nornas y en general cualquier espíritu femenino. Debemos pensar en nuestras madres, abuelas, tías… o cualquier otra mujer de nuestra familia cuando hablamos de las Matronas. En ocasiones, cuando una de estas mujeres muere, su espíritu permanece cuidando de la familia como un espíritu guardián.

La mujer tenía una gran importancia en la sociedad europea antes de la llegada del cristianismo. La Señora del Hogar era una figura de primer nivel, pues ella gestionaba la granja o la propiedad familiar y mandaba a los criados o eslavos. En la sociedad germana y nórdica el papel de la mujer era equivalente al del hombre y así se entiende que debe ser en el Odinismo. Somos diferentes, tanto físicamente como en el carácter y la manera de ser, pero hombres y mujeres somos equivalentes, es decir, valemos lo mismo.

La importancia de las Matronas es tal, que toda la estación invernal está dedicada a ellas. El 2 de febrero es la fiesta del Disablót, también llamado Disaþing o “parlamento de las Matronas” para tener buena cosecha. La diosa Freyja es llamada Vanadis (Dis de los Vanir) y entre sus funciones está el ser Diosa de la Guerra y de las valquirias. Las Dísir visitan los hogares para traer buena suerte a los niños recién nacidos y nos ayudan a los humanos, de ahí que puedan asociarse con divinidades tutelares, con espíritus de las mujeres de nuestro clan que permanecen a nuestro lado cuidándonos igual que hicieron en vida.

Mención especial merece la diosa Frigg, la Madre de Todo, esposa de Odín y diosa que representa el amor maternal y el hogar. Cuando encendemos el fuego sagrado del hogar, cuando creamos una familia, Frigg es la diosa que nos protege y cuida. Conoce el destino de la gente y es asistida por Eir, la diosa de la salud y la curación, matrona de las curanderas.

Si en el moderno Odinismo hay una matrona que merezca especialmente ser recordada es sin duda Else Christensen, la Mother Folk, la Madre del Pueblo. Ella fue una de las pioneras y de las grandes líderes del Odinismo a mediados del siglo XX, gracias a ella la vieja religión pudo renacer. Sin duda Else sigue junto a nosotros, velando por el Pueblo Europeo, como una Matrona.


Los Seres de los Nueve Mundos III: Espíritus de la Naturaleza

Escrito por renacimientogotico 04-09-2015 en Religión. Comentarios (0)

Ya he repasado a los Devoradores y los Dioses, pero en la naturaleza existen una gran cantidad de espíritus menores. Estos espíritus son tan numerosos que no tienen nombre y han sido llamados “el pequeño pueblo” o “los buenos vecinos”. El folclore popular europeo los ha denominado de muchas maneras según el sitio: hadas, duendes, seres féericos… algunos son de naturaleza benévola y ayudan a los seres humanos, pero otros cometen travesuras e incluso pueden causarnos perjuicios.

Vættir

Estos Espíritus de la Naturaleza que conviven con nosotros reciben el nombre genérico de vættir en nórdico antiguo. Los podemos clasificar en Espíritus de la Tierra (landvættir), Espíritus del Mar (sjóvættir) y Espíritus de las Aguas (vatnavættir).

Mención aparte merecen los Espíritus del Hogar, llamados tomte, kobolds o de forma genérica, duendes. Estos espíritus habitan con nosotros en nuestra casa y nos protegen, pero también pueden enfadarse y hacer travesuras, como cambiar las cosas de sitio. Es bueno hacerles ofrendas de golosinas para tenerlos contentos.

Los Espíritus de la Naturaleza son capaces de entenderse con los animales y las plantas, pues hablan su idioma, incomprensible para los humanos. Cuando hacemos un ritual, convocamos a aquellos Espíritus de la Naturaleza que nos son favorables y tratamos de ahuyentas a los que podrían hacernos daño. En la Era Vikinga, los barcos llevaban un dragón (drakar) en la proa para asustar a los buenos espíritus de las tierras que asaltaban. Por ese motivo, lo desmontaban al volver a casa, para no asustar a los suyos.

Elfos

Los elfos (en nórdico antiguo, álfar) son espíritus de la naturaleza pero merecen una mención especial. La palabra galdr, que podemos traducirla como “encantamiento”, deriva de álfargaldr, o “canto de los elfos”. Los elfos tienen que ver con la magia y es por tanto su lengua, el canto, más pura que la lengua humana, la que se usa para los encantamientos. Cuando los humanos cantamos tratamos de imitar la lengua de los elfos. Lo cierto es que antes de que existiese el lenguaje hablado tal y como lo entendemos hoy, los seres humanos comenzaron imitando los sonidos de los animales y la naturaleza. Las primeras formas de comunicación serían muy primitivas (gritos, gruñidos…) hasta que los humanos aprendieron a modular la voz, a cantar. El siguiente paso fue desarrollar la palabra, el lenguaje humano. Los elfos representan ese lenguaje más primitivo (y quizás más puro) que el humano, y se les asocia con la música por ello.

Podemos diferenciar varias razas de elfos. Los Elfos de Luz (en nórdico, ljósálfar) son los elfos puros, luminosos. Se trata de seres elevados espiritualmente que no conciben las bajas pasiones humanas ni el materialismo. Su morada es el reino de Álfheim también llamado Ljósálfheim, donde reina el dios Freyr, Señor de los Elfos. Se les asocia a los rayos del Sol, pues son seres de luz y se les representa con un aspecto dorado y blanco, símbolo de su pureza. Se les asocia a la naturaleza y a los dioses Vanir.

Por otro lado tenemos los Elfos Negros (svartálfar en nórdico antiguo) y los Elfos Oscuros (dokkálfar) cuya morada es el reino de Svartalfheim. Los Elfos Negros y los Elfos Oscuros (probablemente se trate de dos nombres diferentes para hacer referencia a la misma realidad) son lo opuesto a los Elfos de Luz, pues representan las bajas pasiones, los miedos, los bienes materiales… son los causantes de las pesadillas y de los temores nocturnos. Según el folclore, cuando tenemos una pesadilla es porque uno de estos seres nos susurra el sueño al oído mientras dormimos. Son también maestros del engaño y las artes oscuras, pero al igual que con los Devoradores, no se trata de seres malvados. Los miedos humanos nutren las raíces del Yggdrasil y representan lo material y lo carente de un espíritu elevado.


Torcidos

Son conocidos popularmente como enanos, pero el nombre en nórdico antiguo, dvengar, hace referencia a una deformidad, una tara… no necesariamente a que sean de pequeño tamaño. Estos seres tienen que ver con la artesanía y con el trabajo elaborado, con la minería, la herrería y en general con cualquier transformación material. Son testarudos y malhumorados pero poseen una gran habilidad. Habitan en las montañas y por ellas se accede a su reino, Niðavellir, que es la puerta al resto de mundos desde el Miðgarð, nuestro mundo. Son espíritus de las rocas, las montañas, las grutas, las simas… y los que guían a los muertos hacia la salida de este mundo.


Los Seres de los Nueve Mundos II: Los Dioses

Escrito por renacimientogotico 03-09-2015 en Religión. Comentarios (0)

En la entrada anterior hablaba de los Devoradores o Gigantes, fuerzas primigenias de la naturaleza, caóticas y destructoras. Expliqué también por qué en el odinismo no se les rinde culto, lo cual no significa que sean malignas (el concepto de Bien y Mal es propio de las religiones del Próximo Oriente, como el cristianismo). En nuestra cosmovisión, la antítesis no es entre el Bien y el Mal, sino entre el Orden y el Caos. Las fuerzas del orden, a las que sí se les rinde culto, son los Dioses.

Lo primero que tenemos que entender es qué es un Dios o una Diosa, puesto que por influencia del monoteísmo abrahámico, la gente tiene una idea interiorizada de la Divinidad como un ser todopoderoso, omnipresente y al que hay que obedecer y temer por miedo al castigo. Nada de eso encaja con el concepto de la Divinidad que tiene el Odinismo y en general las religiones nativas europeas.

Los Dioses (en nórdico antiguo, Guðin) son, a mi parecer, una unión de tres cosas. Por una parte, son una representación antropomórfica de los Poderes Sagrados de la naturaleza. Esto se produce porque, para la comprensión humana, es más fácil canalizar la energía hacia una figura similar a nosotros que hacia algo abstracto. Cuando el ser humano es consciente de que todo lo que le rodea tiene una realidad que va más allá del plano material, representa a estos espíritus primero de forma zoomorfa (como animales) y posteriormente con forma humana. Nosotros tendríamos la misma esencia divina que estos Poderes Sagrados, pero la diferencia radica en el tamaño. Por ejemplo, nosotros tenemos un sistema nervioso que funciona con impulsos eléctricos, pero eso es insignificante en comparación con la energía desatada en una tormenta o con el campo electromagnético de la Tierra.

Por otra parte, los Dioses serían nuestros antepasados, descendemos de ellos. Cuando una persona muere, sus descendientes cuentan sus hazañas y todo lo que hizo en vida. Estos a su vez, transmiten a sus descendientes lo que sus antepasados les transmitieron y con el paso de las generaciones, la historia se convierte en leyenda y la leyenda en mito. Las historias comienzan a mezclarse y, a lo largo de miles de años, solo se tiene una referencia lejana de los antepasados más remotos, pero sus hazañas han sido transmitidas y nos llegan mediante las leyendas y los mitos. Así pues, estamos ligados con los Dioses por lazos de sangre.

En tercer lugar, como cada generación transmite de forma oral las historias de sus antepasados, en cada momento se hace hincapié en aquellos valores que son importantes para esa generación. De esta forma los Dioses son figuras arquetípicas que transmiten los valores y la mentalidad del pueblo que los ha ido construyendo. Los antepasados y sus hazañas, convertidas en mitos, los valores arquetípicos del pueblo y los Poderes Sagrados de la naturaleza, fueron asociándose hasta configurar los diferentes Dioses. Es por esto que cada pueblo tiene los suyos, porque cada pueblo tiene unos valores y unos antepasados diferentes. Por ello, la idea de una religión universal no tiene sentido.

Los dioses, que representan las fuerzas del orden cósmico frente al caos, en nuestra tradición se dividen en dos razas: los Vanir y los Æsir.

Vanir

Los dioses Vanir son los dioses de la Tierra y de los ciclos naturales. Son los más antiguos, pues se les rinde culto desde la Edad de Piedra. El reino de los Vanir es el Vanaheim. Los Vanir son dioses de la fertilidad, de las cosechas y tienen mucho que ver con la agricultura y la reproducción. La magia Seiðr también es propia de los Vanir, en particular de la diosa Freyja. Todos los Vanir son hijos de Nerthus, la Diosa Madre Tierra. Con el tiempo esta Divinidad derivó a Jørd, la Diosa Madre de la Tierra, y a Njørd, el Dios Padre del Mar, considerado como el Padre de los Vanir.

Los elfos (álfar en nórdico antiguo) son otros espíritus de la naturaleza que a menudo se asocian a los Vanir, pero se trata de espíritus menores. El dios Freyr, hijo de Njørd, es el Señor de los Elfos y el dios tutelar de los bosques, la fertilidad y la reproducción. Su hermana gemela, Freyja, es la diosa del amor, el deseo sexual y la pasión y también de la magia Seiðr, que es eminentemente femenina.

Æsir

  Si los Vanir son dioses asociados a la Tierra, los Æsir son dioses asociados con el Cielo y con los fenómenos atmosféricos. Son dioses de la guerra y representan conceptos abstractos. Comenzaron a ser adorados en la Edad de los Metales, cuando se produjo un cambio importante en la mentalidad del Pueblo Europeo. Antes de eso, su papel era de menor importancia con respecto a los Vanir. La morada de los Æsir es el mítico reino de Asgard.

  La figura del Dios Padre Celestial es común a todas las religiones europeas. El moderno nombre de Dios procede del indoeuropeo Dyeus Phter que podemos traducir como Dios Padre. El cristianismo asoció el dios cananeo de la montaña, Yavhé, con el Dios Padre de los europeos, por eso se le llama “Dios” a su dios único. Es algo similar a lo que ocurrió en Arabia con el islam, asociando el dios judío con Allah Taala, el dios creador de La Meca en la religión tribal árabe.

  Del indoeuropeo Dyeus Phter deriva Zeus para los griegos, Ius Piter (Júpiter) para los romanos, Dievas para los bálticos… y en nuestra tradición, Diwaz/Tiwaz, el dios Týr, que originalmente fue asociado como Dios Padre hasta que Wotan-Odín asumió ese rol.

Los dioses Æsir suponen un cambio de mentalidad en el IV Milenio antes de la Era Común, lo cual ha sido interpretado de diversas maneras. En la mitología se habla de una guerra entre los Æsir y los Vanir, lo cual puede interpretarse como una guerra entre tribus en las que los Æsir tenían una mayor importancia, frente a tribus que habitaban Europa anteriormente y rendían culto esencialmente a los Vanir. Esto es lo que se conoce como la teoría de las invasiones indoeuropeas. También puede entenderse esta guerra como el choque entre dos mentalidades.

  En mi opinión es bastante más probable que el conocimiento de los metales y la forja diesen especial prestigio a algunas tribus y estas, mediante el comercio, las alianzas y, en algunas ocasiones, mediante la guerra, extendiesen su influencia cultural al resto de tribus europeas. Estas tribus serían lo que hoy llamamos “indoeuropeos”, pues desconocemos como se llamaban realmente. Estas tribus extendieron su lengua (de un modo similar a lo que ocurre hoy con el inglés) como lengua de prestigio, nuevos adelantos tecnológicos y también nuevas ideas religiosas que chocaron en cierta medida con las tradicionales, más naturalistas. Al final lo que se produjo es una fusión entre el sistema de creencias anterior y las nuevas ideas, lo que en la mitología se representa en la paz entre Æsir y Vanir y el intercambio de rehenes.


Los Seres de los Nueve Mundos I: Los Devoradores

Escrito por renacimientogotico 02-09-2015 en Religión. Comentarios (0)

Recientemente explicaba en líneas generales en qué consiste el Odinismo como expresión de la espiritualidad nativa europea. Sin duda un aspecto fundamental para entender los valores y la tradición odinista es la mitología nórdica. La mitología nórdica guarda una gran similitud con la celta, la eslava, la grecolatina… pues todas parten de un mismo tronco común ancestral. Por este motivo, los valores que nuestros antepasados nos transmiten a través de los mitos nórdicos están también presentes en las demás expresiones de la religión europea. Es en el norte de Europa donde más tiempo y de manera menos contaminada pervivió la vieja religión, por ese motivo es la mitología nórdica nuestro marco de referencia.

Para todos aquellos que están interesados en la mitología, ya sea por una inquietud espiritual o simplemente cultural, como parte de su legado que es, voy a iniciar una serie de entradas explicando los diferentes seres que conforman la mitología nórdica. Usaré los nombres en castellano para que se entienda bien a qué nos referimos, pero de cara a que quien quiera pueda profundizar más, emplearé también los nombres en nórdico antiguo. No es necesario emplear los nombres nórdicos para interiorizar lo que los mitos nos transmiten ni los conceptos espirituales del Odinismo, pero el nórdico antiguo es la lengua de las Eddas y las sagas, por lo que quien quiera profundizar más y acudir a las fuentes históricas, no tendrá más remedio que manejar estos términos en cierta medida. Podríamos decir que el nórdico antiguo es algo similar en el odinismo a lo que el latín supone para el cristianismo.

Los Devoradores

Me refiero a ellos en primer lugar por ser los entes más antiguos y los que primero aparecen en la mitología. Son los conocidos popularmente como gigantes pero los términos en nórdico antiguo para designarlos son jötnar, risar o þursar, que pueden traducirse como “comilones” o “come-hombres”, “gigantes” y “sedientos de sangre”. Por ese motivo he preferido utilizar el término Devoradores para referirme a ellos. Todos estos nombres hacen referencia a su carácter destructor, pues en efecto los Devoradores representan a las fuerzas primigenias de la naturaleza, devastadoras y caóticas.

Debemos entender que estas fuerzas no son malas, la naturaleza necesita regenerarse y en ocasiones arrasar con todo para poder renacer. Pero por razones evidentes, nadie quiere que una granizada destroce sus campos, que un tornado destruya su hogar o que un maremoto hunda sus barcos. Es por este motivo que no se le rinde culto a los Devoradores. Sin embargo los Devoradores o Gigantes también representan la sabiduría ancestral, más allá del conocimiento humano. Son las fuerzas primordiales de la naturaleza y al principio, cuando el Universo comenzó a crearse, estas fuerzas lo dominaban todo, de ahí que sean los entes más antiguos. La primera criatura, de la que estos seres descienden, es el gigante Ymir.

En los primeros tiempos del Universo dominaban estas fuerzas caóticas, que posteriormente fueron formando las estrellas, los planetas… y se estableció el orden. En la creación de la Tierra ocurre lo mismo. Cuando nuestro planeta nació, las fuerzas primigenias de la naturaleza (volcanes, maremotos, meteoritos llegados del espacio que la bombardeaban…) eran las que reinaban, y sólo cuando el caos dio paso al orden, nuestro mundo se volvió habitable y pudo nacer la vida. En el mito de la creación, esto se explica de manera alegórica cuando los dioses matan al gigante Ymir y crean todo a partir de su cuerpo, estableciendo el orden.

Como es arriba, es abajo. Del mismo modo que las fuerzas primigenias de la naturaleza desatan el caos, también en cada uno de nosotros existen este tipo de fuerzas, de instintos primarios, los cuales no son malos pero deben ser domados mediante la disciplina para poder conducirnos a nosotros mismos y no caer en el caos y la destrucción. Estas fuerzas primigenias están en el origen de la creación y se desatarán para destruir el mundo que conocemos en el Ragnarok. Podemos clasificar estas fuerzas primigenias o Devoradores en diferentes razas:

Los gigantes de las montañas (bergrisar), los gigantes de la escarcha (hrímþursark), los gigantes del fuego (eldjötnar), los gigantes del mar (sjórisar), los gigantes del viento (vindþursar) y los gigantes del barro (leirjötnar). Así mismo, existen gigantas (gýgjar o íviðjur). Otros espíritus de la destrucción y el caos serían los trols, que habitan en los bosques, y las huldras, espíritus femeninos que habitan los campos y seducen a los hombres.

En la mitología, Thor lucha contra los Devoradores con su martillo Mjöllnir, por esta razón el martillo es un símbolo sagrado que se usa para purificar el espacio antes de un ritual y mantener alejados a aquellos espíritus que podrían causarnos daño. Thor representaría al planeta Júpiter (que es el nombre romano para el dios del trueno), el cual atrae a los asteroides con su campo gravitatorio (representado por el Mjöllnir, el martillo que al arrojarlo siempre vuelve, símbolo de la fuerza de la gravedad) y esto impide que esas fuerzas devastadoras lleguen a la Tierra. Por ese motivo el Mjöllnir es un amuleto de protección muy común.