Renacimiento Gótico

Política y Sociedad

Mancomunidad Española y Confederación Europea

Escrito por renacimientogotico 26-09-2015 en Política y Sociedad. Comentarios (0)

Después de dar la idea general de cómo funcionaría un sistema tribal cabe preguntarse ¿cómo se podría aplicar esto en un caso real, si nuestra sociedad de masas está formada por millones de personas? Pues bien, lo primero que debemos asumir es que nuestra sociedad acabará colapsando tarde o temprano. Debemos desistir de los intentos “revolucionarios” de cambiarlo todo, tomar el poder y arreglar esta civilización degenerada que ya no tiene arreglo. Esa idea de “salvar” a la Humanidad, tan cristiana, debe ser desterrada de nuestra cabeza pues es utópica. Si conseguimos asegurar la supervivencia de nosotros mismos y nuestra familia, que no es fácil, podemos darnos por satisfechos.

La sociedad de masas, urbana, global, estatal… tarde o temprano colapsará por sus propias contradicciones. Cuando eso pase los más preparados para sobrevivir serán los que vivan de la forma más autosuficiente y autónoma posible, es decir, los que estén al margen del sistema, los salvajes. Ahora mismo estamos todos demasiado civilizados, es decir, domesticados. Del mismo modo que si abrimos un zoológico y soltamos en libertad a los animales que han estado largo tiempo en cautiverio morirían, a nosotros nos pasaría igual si nos echamos de pronto al monte. Es un proceso que debe hacerse poco a poco.

Sin embargo, frente a la gran cantidad de ciudades masificadas, llenas de ruidos, contaminación, estrés, delincuencia… existe una gran cantidad de pueblos abandonados o semiabandonados en las zonas rurales de toda Europa. Solo es cuestión de establecerse en ellos, lograr nuestra autosuficiencia y construir ahí el mundo que nosotros queremos. Recomiendo leer acerca de las eco-aldeas, la permacultura y la sustentabilidad ecológica. Tal vez en otra ocasión haga una entrada al respecto de esas cosas.

Lo importante es que esas comunidades desarrollarán sus propios clanes y estos se unirán en hermandades y en tribus. Cualquier tribu ha nacido en un momento dado fundada por alguien, por lo que podemos crear nuevas tribus basadas en la cultura similar que tengan los clanes de una misma zona. Cuando el mundo civilizado se derrumbe, los salvajes heredaremos las cenizas y comenzará la reconstrucción, pues habremos preservado nuestro legado ancestral en medio de un mundo global que amenaza con acabar con todas las culturas de la Tierra.

Así pues, mi propuesta para nuestra vieja Iberia es que todas las tribus de la Península Ibérica se unan formando una Mancomunidad Española. Debemos superar el nacionalismo que nos divide, tanto el nacionalismo español y portugués de Estado, como los nacionalismos de determinadas regiones. Por nuestra geografía y por el desarrollo histórico, podemos hablar de que existen varios países en la Península Ibérica (Cataluña, Portugal, Castilla, Asturias, Galicia…) y en cada uno de ellos surgirán clanes y tribus. Estos países forman a su vez parte de un mismo ámbito cultural español, del mismo modo que en el norte de Europa podemos hablar de noruegos, suecos, daneses, islandeses… pero todos son parte del ámbito cultural escandinavo. Las tribus, en cada uno de esos países, pueden unirse federalmente y elegir entre sus jefes un Señor o Gran Jefe, tener su propia Gran Asamblea y un Consejo de Jefes Tribales para gestionar los asuntos comunes, pero manteniendo una gran autonomía como tribus. A su vez la Mancomunidad debe tener un Líder Supremo elegido entre los caudillos de Andalucía, Castilla, Cataluña… de entre ellos saldría un Rey para todas las Españas.

De este modo, con un sistema tribal basado en el federalismo, solucionaríamos el problema territorial de España. Cada país se constituiría no como un Estado, sino como una Comunidad (ya se llame Comunidad Autónoma o Comunidad Nacional) y todas estarían unidas en su diversidad, con sus propias lenguas y tradiciones, en una Mancomunidad Española. Algo similar a lo que yo propongo para la Península Ibérica puede valer para Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania… que a su vez se unirían en una gran Confederación Europea en caso de necesidad o peligro.

La Confederación tendría muy poco poder, como es de esperar, pues la idea de un poder central lejano como en la actual Unión Europea no tiene sentido. Pero podría servir para dirimir los conflictos entre naciones europeas o para mediar en las disputas que puedan existir dentro de Europa. En tiempos de guerra, incluso se podría elegir un  Jefe de Guerra o Emperador como Comandante Supremo de un Ejército común para defender Europa de un enemigo exterior. Terminado el peligro, el Emperador dejaría el mando. También debería existir algo parecido al Papa actual, un Padre del Pueblo como líder espiritual común y máxima autoridad moral de todos los europeos, asesorado por un Consejo de Sabios.

En definitiva, el tribalismo es un sistema que podría ser tanto o más complejo que el sistema estatal actual, pero eliminando el poder coercitivo y sustituyendo los artificiales lazos con el Estado-nación, por los lazos naturales con la familia, el clan y la tribu.


Un Sistema Político Natural: El Tribalismo

Escrito por renacimientogotico 25-09-2015 en Política y Sociedad. Comentarios (0)

En las entradas anteriores hablaba de conceptos políticos generales, de las formas puras y degeneradas de gobierno. Lo cierto es que en la práctica lo que existe es un sistema híbrido entre estas formas, nunca se da una forma de gobierno (ya sea pura o degenerada) de manera absoluta, aunque predominen rasgos de un sistema o de otro.

Era Ancestral

Desde mi punto de vista, en la tradición política europea anterior al nacimiento del Estado se produjo un sistema mixto entre todas las formas puras. No había teocracia, pues los dioses protegían al pueblo pero nadie gobernaba en su nombre. La influencia de sabios o sacerdotes sería sin duda importante como élite intelectual y personas respetadas, pero no serían ellos los que ejercerían el poder. Existía una sociedad organizada en clanes y tribus, con una amplia autonomía de un grupo con respecto a sus vecinos. Existía una jefatura dentro de la tribu, es decir, un poder monárquico, pero el Jefe era elegido como un primero entre iguales. Así mismo el Jefe era el líder, el “Gran Hombre”, pero no podía hacer lo que quisiera porque estaba controlado por la Asamblea formada por el resto de hombres libres (una democracia directa) y por un Consejo de Ancianos, formando estos una aristocracia que actuaba de freno para las pasiones de la Asamblea o las posibles ambiciones del Jefe. Todo esto sin que existiese el Estado, es decir, en una situación de anarquía.

Era Estatal

En algún momento, por influencias externas, por ambiciones desmesuradas, por crisis económicas… o por una mezcla de todas estas cosas, este tipo de sociedad colapsó y se degeneró al caos, en el que surge el Estado. El Estado es la degeneración de todas las formas políticas puras, desde su origen hace 5.000 años hasta nuestros días. En la actualidad los grandes medios de comunicación y determinados “expertos” guían a la masa (como en una hierocracia), los cuales votan cada cuatro años a un parlamento que, en teoría, les representa. Gobierna la masa, no el pueblo, por lo que es una oclocracia y no una democracia. Esos parlamentos eligen a gobernantes que tienen carta blanca para hacer lo que quieran y que no respetan ni sus propias leyes, es decir, son tiranos. Esos tiranos que nos gobiernan salen de unas pocas familias que controlan el país para su propio beneficio, es decir, una oligarquía.

La Familia y el Clan, base de la sociedad

En el mundo actual en el que se fomenta el individualismo, nos empujan por todos los medios a que seamos un número más en medio de esta sociedad masificada, que seamos clientes, consumidores, usuarios, votantes, trabajadores… pero desde luego que no tengamos ningún vínculo de asistencia o apoyo. En este sentido, en el sistema liberal se ve a la familia solo como una unidad de consumo doméstica y se tiende a debilitar los lazos que nos unen con nuestros padres, hermanos, primos, tíos…

Sin embargo la familia es el núcleo de la sociedad, todos nacemos en una familia, es nuestra manada. Cuando un hombre y una mujer se unen forman su propio hogar y en él criarán a sus hijos, permitiendo que el linaje, que el Pueblo en definitiva, se perpetúe. Por eso en los rituales encendemos siempre el fuego representando a nuestros ancestros, pues su llama sigue viva en nosotros. La sangre nos liga a nuestros antepasados y nuestros parientes, pero también los lazos de afinidad.

Además de la familia nuclear (el padre, la madre y los hijos) está la familia extensa, el clan. Un clan puede formarse por lazos de sangre y afinidad, pero también puede nacer fruto de una congregación, de un juramento de hermandad entre sus miembros. En nórdico antiguo la palabra para clan o familia extensa es ætt, diferenciándose entre uno de sangre (sifja) y uno sin vínculos de sangre (kinðr), pero esto mismo existe en todos los pueblos europeos. Los godos llamaban sippe a la familia extensa. De la palabra kinðr deriva kindred, que es como se llama a la forma de organización comunitaria básica en el odinismo.

Debemos entender como parte del clan al padre y la madre, a los hijos, los nietos, los yernos y las nueras, los amigos del clan, los hermanos de sangre y de leche, los criados y esclavos cuando el clan es especialmente poderoso, los clientes o personas dependientes del mismo e incluso los animales. También pertenecen al clan los antepasados y espíritus protectores. En otra ocasión haré una entrada específica hablando sobre lo que es un clan, pero base por ahora dar esta noción general y decir que al frente del clan están el Padre y la Madre y, siguiendo la jerarquía natural, el Hermano Mayor que en ausencia de sus padres cuida de sus hermanos pequeños. Si un clan es muy humilde carecerá de posesiones o tierras propias, pero lo deseable es que un clan sea dueño de su propia tierra, su alodio (ódal en nórdico antiguo, palabra de donde viene la runa que simboliza el hogar y la familia) donde está la Casa familiar en la que se reúnen en las celebraciones tíos, primos, sobrinos…

Hermandad

Del mismo modo que dentro de un clano kindred todos son iguales pero existen jerarquías naturales (al igual que las hay en una manada de cualquier animal) y que los vínculos entre los hermanos pueden no ser de sangre, un clan puede hermanarse con otros clanes de su entorno o incluso con clanes lejanos por diversos motivos. Diversos clanes de una comarca pueden formar una Hermandad, más o menos extensa. Si entendemos que un clan tiene aproximadamente 20-25 individuos, un clan realmente grande quizás alcance los 35-40; una Hermandad no debería superar los 100 clanes o sería demasiado grande para organizarse bien.

Dentro de la Hermandad todos los clanes han de ser iguales, pero siempre habrá un primus inter pares, un Padre Mayor, en cuya casa se reúnan los demás para tratar los asuntos que atañan a la comarca, sin olvidar que cada clan debe tener una amplia autonomía en su alodio. Es posible que en la comarca haya un Hof, es decir, un templo o un recinto sagrado común para todos los clanes. En ese lugar, o en el asentamiento más grande que haya en la comarca, se establecería un Salón Comunal en el que podría reunirse la Asamblea formada por todos los hombres y mujeres libres mayores de edad. El Padre Mayor contaría con el asesoramiento del resto de líderes de los clanes, que serían ancianos como él. Los ancianos actuarían como consejo al líder y como freno a las pasiones de los jóvenes, por lo que en una comarca ya tendríamos un gobierno autónomo híbrido de la monarquía, la aristocracia y la democracia.

La Tribu

El tribalismo es algo innato a la naturaleza humana. Entendemos por una tribu un conjunto de clanes o familias culturalmente homogéneo y que tiene un ancestro común, real o simbólico. En el mundo globalizado en el que vivimos, la naturaleza tribal humana se manifiesta de muchas maneras a pesar de los intentos de homogeneizar a la población. Un ejemplo de ello serían las tribus urbanas o los equipos de fútbol.

Del mismo modo que los clanes de una misma comarca pueden hermanarse y autogobernarse, siguiendo con los lazos familiares o de juramento, los clanes que tienen un origen étnico común y habitan la misma región o país, forman una misma tribu. Tal vez en un país extenso haya muchas tribus y en uno más pequeño sólo habite una, pero en todo caso el sistema es el mismo, siguiendo el principio federal. La tribu tendría un Jefe elegido entre los líderes de los clanes y que si no responde a lo que se espera de él, puede ser destituido en cualquier momento. Habría una Asamblea formada por delegados de todas las comarcas de la región, que podrían ser revocados en cualquier momento sino cumplen con el mandato de su Hermandad y un Consejo de Ancianos que tenga capacidad de vetar a la Asamblea y asesorar al Jefe.

Siguiendo este modelo, el sistema puede crecer desde abajo hacia arriba todo lo que se quiera. Tribus de un mismo país (como Castilla, Andalucía, Cataluña… desterremos la idea de país como sinónimo de Estado) tenderían a unirse federalmente y a formar una Gran Asamblea con representantes de las tribus, que podrían revocarse en cualquier momento sino cumplen con el mandato tribal, elegir a uno de los jefes tribales como caudillo o señor del país y tener un Consejo de Jefes para que asesore al caudillo y frene a la Gran Asamblea. Así mismo, tribus de una Gran Región o un mismo ámbito cultural (como podría ser nuestra Península Ibérica) pueden federarse entre sí y elegir un Líder Supremo, designar una Gran Asamblea y establecer un Consejo de Señores o Caudillos para asesorar al Líder Supremo (que se llame rey, príncipe, presidente… o como cada pueblo tenga costumbre de llamarlo) y poder vetar a la Gran Asamblea.

Para que esto funcione el nivel de autonomía de los clanes y las comarcas debe ser muy grande, siendo las tribus lo más autosuficientes que se pueda y teniendo la federación de tribus de un mismo país y una misma gran región solo la potestad de coordinar a las tribus y aunar esfuerzos. Un poder central, como el del Estado, desde el que se gobierne todo un territorio es imposible sin el poder coercitivo, pero tampoco es necesario. Varios niveles de federación pueden funcionar igual de bien, pongamos como ejemplo las federaciones deportivas, que desde el nivel local hasta grandes confederaciones continentales son capaces de gestionarse y organizar competiciones a todos los niveles sin que exista poder coercitivo ni se obligue a ningún club deportivo a federarse.

Después de exponer la teoría general, en la siguiente entrada hablaré de una aplicación práctica de este sistema a España y Europa.

Conceptos Políticos Generales II

Escrito por renacimientogotico 24-09-2015 en Política y Sociedad. Comentarios (0)

Además de las diferentes formas de gobierno que expliqué en la entrada anterior, a menudo se suelen confundir conceptos como Estado, nación, país, patria, pueblo… por lo que también voy a dar unas nociones acerca de cómo los entiendo yo. Es un tema importante porque la mayoría de los conflictos se suelen presentar por el uso indistinto de estos términos, que sin embargo significan cosas muy diferentes.

País

El término país es un concepto geográfico, hace referencia a un territorio delimitado y a las gentes que habitan en él. El país sería el campo, la palabra paisaje deriva de país, como también lo hace paisano para referirnos a un lugareño, a una persona de nuestro mismo entorno geográfico cercano. Etimológicamente, procede del latín pagus, es decir, el campo. Un pagano es alguien del país, del campo. En inglés se usa la misma palabra para decir país que para hablar del campo, country. Dentro de un país hay ciudades, montañas, ríos… pero en definitiva nuestro país es nuestro entorno geográfico, no tiene (o no debería tener) connotación política. Si la tiene es porque a menudo se emplea esta palabra de manera incorrecta, para hacer referencia a un Estado.

En este sentido podemos hablar de Cataluña, Castilla, Andalucía, Aragón, Portugal… como países, y al mismo tiempo la Península Ibérica sería un país en su conjunto. Se suele diferenciar entre país y región, haciendo ver que una región es de menor entidad que un país, pero esto no tiene por qué ser así. Europa Occidental es una región que abarca varios países, el Próximo Oriente es una región y abarca varios países… del mismo modo, un país puede dividirse en regiones más pequeñas, por ejemplo La Mancha sería una región de Castilla o el Alto Aragón una región de Aragón. Todo depende de la perspectiva, la Península Ibérica podemos verla como una región de Europa pero también como un país. En este sentido yo prefiero usar el término Gran Región para referirme a un mismo ámbito cultural, en el que pueden hablarse diversas lenguas o haber varios países. Sería el caso de nuestra Península Ibérica, pero también de Escandinavia o las Islas Británicas.


Patria

La palabra patria significa “tierra de los padres”, entendiendo a los padres en un sentido genérico, los antepasados. El territorio en el que habita un pueblo es su patria, existe una vinculación entre el suelo, el territorio, y el pueblo que lo ocupa. Como ocurre con el país, podemos hablar de patria chica, para hacer referencia a nuestra región o comarca, a nuestra ciudad o pueblo, y de patria grande para hacer referencia a un ámbito territorial mayor. Dado que la patria es la tierra de nuestros padres, en ambos casos estamos haciendo un buen uso de la palabra. Como en el caso de la palabra país, no debemos confundir la patria con el Estado.

Pueblo

Es el conjunto de personas que forma un grupo humano. Como la propia palabra indica, un pueblo es un grupo humano que puebla un espacio físico, es decir, que habita un territorio. Pero esto no tiene por qué ser siempre así, ya que existen pueblos nómadas que no tienen un país, como por ejemplo los gitanos o como fueron durante siglos los judíos. Para que un pueblo exista es necesario que haya una conciencia común de identidad, un sentimiento de pertenencia a ese pueblo. Desde el Pueblo Europeo hasta una aldea de unas decenas de habitantes, nos referimos a nuestra gente cuando hablamos de “nuestro pueblo”.

La patria de los godos era la isla de Gotland, el sur de Escandinavia, pues de allí procedían sus antepasados. Iniciaron una migración que les llevó a dividirse en dos pueblos: visigodos y ostrogodos. Con el paso del tiempo, los visigodos llegaron a un país, Hispania, y los ostrogodos a otro, Italia. En Hispania convivían los pueblos indígenas romanizados y los visigodos y solo después de siglos estos pueblos se fundieron en uno, los hispanogodos. Con el paso del tiempo, los godos habían convertido Hispania en su patria.

Nación

Si hasta aquí no debería haber excesivos problemas, el país es el territorio geográfico (el campo, la tierra), la patria es la tierra de los padres y el pueblo es el conjunto de la gente; la cosa se complica cuando hablamos de naciones. Nuestro concepto actual de nación está totalmente tergiversado y no responde al concepto original. La palabra nación viene de natio, de nacer, es decir, sería el grupo humano en el que una persona ha nacido, vinculado este con un territorio, una patria que constituye su hogar nacional.

Mientras que el pueblo hace referencia al conjunto de la gente sin otra connotación, a la multitud (un sitio populoso es un sitio con mucha gente, algo popular es algo muy conocido por la gente o con mucha aceptación) de personas que tienen ciertos vínculos culturales, la nación se entiende como una comunidad. En muchos casos se usan pueblo y nación como sinónimos, en otras se entiende a la nación como el conjunto de todas las personas de la comunidad y al pueblo como las clases bajas, excluyendo a los dirigentes.

Desde mi punto de vista, una nación es una tribu más grande. Si una tribu es un conjunto culturalmente homogéneo, varias tribus con un mismo origen serían una nación. Rechazo completamente el concepto liberal de nación, por el cual un individuo pertenece a una nación sólo por haber nacido en un territorio o ejercer sus derechos políticos dentro de la jurisdicción de un Estado que te reconoce como ciudadano. Para mí la nación, como la tribu, están ligadas con la sangre. Las naciones liberales surgidas en América en las antiguas colonias son totalmente artificiales, pues no tienen una base étnica. Sólo les une una bandera y un pasaporte.

La principal diferencia entre un pueblo y una nación es que la nación tiene conciencia de sí misma como un ente diferenciado, lo que se suele llamar la conciencia nacional. Sin embargo yo rechazo el nacionalismo por ser una construcción artificial de la nación, sea esta la que sea. Un grupo de personas, ya sea las que controlan el Estado, ya sean la oligarquía de un territorio, elaboran su propia idea de lo que es la nación y dejan fuera de ella a todos los que no concuerden. En base a esa idea, legitiman el Estado que controlan (nacionalismo de Estado), o el que quieren crear (nacionalismo separatista o aglutinador). Generalmente la nación siempre se construye contra otra, con un enemigo exterior que cohesiona las fuerzas propias. El choque de nacionalismos entre dos naciones retroalimenta el nacionalismo en cada una de ellas.

Estado

  Se pueden dar muchas definiciones sobre lo que es un Estado, pero para que se entienda bien, simplemente diré que el Estado es un concepto jurídico, son las instituciones políticas que ejercen su jurisdicción sobre un territorio y sobre la población que vive en él. Algo fundamental para que exista el Estado es aspirar al monopolio de la violencia como elemento de dominio. El Estado tiene un poder coercitivo, es decir, obliga a las personas que domina a obedecer. Este poder se basa en la fuerza, la violencia que ejerce el Estado se entiende como legítima y deseable, mientras que la violencia que ejercen otros grupos es terrorismo. El Estado es el instrumento ideológico que tiene una élite para legitimar su dominio sobre el resto de la población. Del mismo modo la Justicia estatal es la institucionalización de la venganza, el instrumento utilizado para que la gente obedezca las leyes por miedo al castigo.

  Cuando un grupo ejerce el poder sobre el resto de su pueblo, crea el Estado para legitimarse. Cuando ese poder coercitivo lo ejerce sobre otros pueblos además del suyo propio, el Estado se convierte en un Imperio. No me extenderé mucho más sobre esto porque hay infinidad de pensadores que han reflexionado sobre el Estado, pero baste con decir que existen diferentes tipos de Estado en función de aquello que se use como elemento de legitimidad. En un Estado teocrático será la religión lo que legitime el poder (será un Estado cristiano, islámico, judío…), en un Estado marxista será el ideal marxista el que lo legitime (los Estados socialistas) y en un Estado liberal, el concepto liberal de nación (los Estados nacionales, a los que estamos acostumbrados).

Ejemplo en la Península Ibérica

  Pondré un ejemplo concreto de todo esto. La Península Ibérica la podemos entender como un país o como una Gran Región, es el territorio geográfico. Está habitado por diversos pueblos: gallegos, portugueses, asturianos, catalanes, castellanos… que a su vez forman el pueblo español, pero habitan en sus respectivos países (Galicia, Portugal, Asturias, Cataluña, Castilla…). Podemos hablar de una gran nación española ya que todos somos parte de un mismo ámbito cultural, pero dado que tienen un origen cultural homogéneo podemos decir que también existe una nación catalana, vasca, gallega… con una base étnica. La Península Ibérica es la patria de los españoles, mientras que si estamos en otro país, estamos fuera de nuestra patria.

  Ahora bien, desde un punto de vista político, existen varios Estados: el Reino de España, la República Portuguesa, el Principado de Andorra, la República Francesa (que ocupa territorios catalanes y vascos) y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (que tiene la colonia de Gibraltar, en territorio andaluz).

Los Estados son los únicos que son reconocidos como sujetos de derecho internacional y los que tienen personalidad jurídica. De ahí que puedan existir dos Estados en una misma nación (como en Corea o hasta 1990 en Alemania) y Estados que no se identifican con una nación (como el Estado Vaticano).


Conceptos Políticos Generales I

Escrito por renacimientogotico 19-09-2015 en Política y Sociedad. Comentarios (0)

Después de hablar de mi concepción de España y de Europa y del Odinismo como expresión de la religión nativa europea, en las próximas entradas hablaré del tribalismo y de cómo lo aplicaría yo a nuestra Península Ibérica y a Europa. No obstante, antes de explicar mis ideas, me parece conveniente explicar ciertos conceptos generales, ya que hablamos de democracia, monarquía, república… pero no todos le damos el mismo significado a estos conceptos y es necesario explicar a qué me refiero yo cuando los uso.

A la hora de definir estos conceptos me baso en la tradición europea, tanto grecolatina (Aristóteles, Platón, Cicerón…) como la menos conocida celta o germánica, importante para entender sociedades no estatales con una organización tribal; así como en mi reflexión personal. Por este motivo me abstendré de citar autores.

¿Qué es la política?

Esta es la primera pregunta a la que hay que responder, puesto que en nuestra sociedad actual entendemos la política como el teatro parlamentario de partidos, consignas, símbolos y banderas en el que estamos envueltos. Esto no es la política, es más bien politiqueo, pues se trata de una degeneración de lo que realmente es la política. La palabra política viene del griego πολιτικός, que podría traducirse como “relativo a la polis”. Una polis, al contrario de lo que la gente suele pensar, no es una ciudad-Estado como las del Próximo Oriente, sino una Comunidad. En otras palabras, cuando un grupo de personas conviven, la política es ni más ni menos que organizarse como Comunidad.

Debemos desterrar la idea de la política como ser de izquierdas o de derechas del mismo modo que uno puede ser de un equipo de fútbol. La política es todo aquello que tenga que ver con organizar la Comunidad y con las cosas que tiene en común dicha comunidad, desde una comunidad pequeña como un pueblo hasta una más grande como una nación. Así pues las ideas políticas de una persona son sus ideas al respecto de cómo organizar la Comunidad. En este sentido, todo el mundo tiene ideas políticas, aunque no se haya parado a reflexionar sobre ellas, desde el mismo momento en el que opina sobre los baches de su calle, sobre el ruido que hacen los vecinos o sobre el horario de los autobuses.

Una Comunidad, como se puede imaginar, puede organizarse de muchas maneras, pero existen varios conceptos o formas de organización política que podemos dividir en formas políticas puras y formas políticas degeneradas, fruto de la corrupción de las formas puras.

FORMAS PURAS

Anarquía

Podemos traducir la palabra como “ausencia de poder”, pero no es del todo cierto que haya una ausencia de poder, sino una ausencia de poder coercitivo, es decir, la ausencia del Estado. Se podría decir que la anarquía es el orden natural de la naturaleza (no existen Estados de elefantes, ni de lobos, ni de tigres… y los humanos llevamos teniendo Estados sólo 5.000 años, de los 200.000 que tenemos como especie). En un orden anarquista existe el poder moral, el liderazgo carismático, pero no el poder coercitivo. La sociedad está organizada en grupos pequeños, basados en la libertad responsable, la disciplina libremente asumida y el apoyo mutuo; unidos unos con otros de manera federal.

Teocracia

Es el gobierno de los dioses o el gobierno de un dios. Obviamente sólo existe en el plano teórico, en la práctica sólo puede darse su forma degenerada: la hierocracia.

Monarquía

Literalmente significa “el gobierno de uno”. No debemos confundirlo con lo que hoy entendemos por monarquía, ni que necesariamente tenga que tener el país un rey. Una república presidencialista es más monárquica que una monarquía liberal. Por ejemplo en España no gobierna Felipe VI, sí lo hace el Presidente de los Estados Unidos en su país. Una forma monárquica de gobierno tampoco implica que deba ser hereditaria, sencillamente que el gobierno lo ejerce una sola persona, de manera temporal o permanente. El monarca (se llame rey, príncipe… o como en cada país haya tradición de llamarlo) gobierna en solitario pero no de manera arbitraria, sino de acuerdo a las leyes y al derecho.

Aristocracia

Es el gobierno de los mejores, de la élite. Puede tratarse de los mejores guerreros, de las personas más sabias… pero en todo caso es un sistema en el cual el gobierno se le confía a los más preparados de la Comunidad, que gobiernan pensando en el interés del conjunto de la misma.

Democracia

El gobierno del pueblo. Hay que puntualizar que no todas las personas que habitan en un lugar pertenecen a eso que se llama “el pueblo”. La actual democracia liberal nos considera “españoles”, “franceses”, “italianos”, “alemanes”… sólo por el mero hecho de tener un pasaporte de un Estado. En la antigüedad esto no era así y había que ganarse el derecho a participar en los asuntos políticos. Por otra parte, lo que hoy llamamos democracia, el sistema parlamentario liberal que funciona mediante representantes, no es la democracia de verdad, que funcionaba de manera directa, mediante asambleas populares.

FORMAS DEGENERADAS

Caos

Es la degeneración de la anarquía. En una situación de anarquía existe un orden natural, una jerarquía establecida entre iguales por el liderazgo natural y los roles que tienen los individuos en el grupo. En ese tipo de sociedad la violencia se produce de manera rara, puesto que existen cauces para resolver los conflictos que hacen que no sea necesario recurrir a la fuerza. Del mismo modo, las actitudes contrarias a la buena convivencia son rechazadas por el grupo y los individuos que son incapaces de actuar de manera comunitaria o cuya actitud perjudica al grupo, sencillamente son apartados e incluso expulsados del grupo. Si una persona es demasiado egocéntrica, ningún grupo lo acepta y está condenada a ser solitaria y probablemente, sin el apoyo de otros humanos, a morir. Por ello, este tipo de actitudes son contrarias a la supervivencia y suelen evitarse.

Sin embargo, cuando el orden natural se rompe por cualquier causa, se produce el caos y en el caos, la violencia generalizada. En medio de la violencia generalizada, diversos grupos luchan por imponerse al resto y el que finalmente lo consigue establece “el orden”, que ya no es el orden natural, sino el sometimiento al resto basándose en el miedo. Por lo tanto, en el caos nace el Estado, que no es ni más ni menos que la justificación ideológica de la dominación de un grupo sobre el resto, el establecimiento de la violencia estatal como la única legítima, que además de ser legítima, es deseable para evitar el caos.

Hierocracia

Es el gobierno de una casta sacerdotal, que actúa en nombre de los dioses o de un dios, estableciéndose como únicos intérpretes de la voluntad divina. En la tradición europea los dioses no interfieren en los asuntos humanos, es decir, protegen a su pueblo y son parte de él, pero no dictan las normas. Sin embargo, en la tradición oriental, en la que surge el Estado, la legitimidad de los gobernantes es ser elegidos de los dioses cuando no dioses vivientes en la Tierra. Esta forma de gobierno es la que tienen todos los países que, en teoría, son teocracias, desde el Estado Vaticano hasta los países islámicos, y era la forma típica de gobierno en los reinos medievales europeos, en los que la legitimidad de los reyes dependía de la Iglesia católica.

Sin embargo, no debemos entender este “gobierno de los sacerdotes” sólo como el dominio del clero de una determinada religión. A fin de cuentas, una casta sacerdotal domina porque domina las conciencias de la gente y establece la manera de pensar, la ideología oficial del Estado. Esta misma función la pueden llevar a cabo “sacerdotes” de nuestro tiempo como los economistas (únicos intérpretes de la voluntad de los Mercados, los dioses del liberalismo), los medios de comunicación de masas, los profesores universitarios representantes del marxismo cultural, los científicos (pues la sociedad actual cree en la Ciencia como algo abstracto del mismo modo que un campesino medieval creía en Dios) o en general cualquier generador de opinión que controla el pensamiento de la gente.

Tiranía

Se diferencia de la monarquía en que, mientras que el monarca gobierna de acuerdo al Derecho, el tirano o déspota lo hace de manera arbitraria, caprichosa, y pensando sólo en sus intereses y en mantenerse en el poder. Generalmente la tiranía se da en una situación excepcional, en un estado de excepción del orden legal normal, o bien se produce porque el gobernante es a su vez la única fuente del Derecho, por lo que hace leyes y las ejecuta de acuerdo sus intereses particulares.

Oligarquía

Es el gobierno de unos pocos, a diferencia de la aristocracia, esos pocos no son los mejores. Mientras que en la aristocracia gobierna la élite pensando en el interés del conjunto de la Comunidad, en la oligarquía el poder está en manos de un grupo reducido que piensa sólo en su propio interés y en mantenerse como casta dominante de la sociedad.

Oclocracia

También llamada demagogia, es la degeneración de la democracia. Se produce cuando en lugar de gobernar el pueblo gobierna el populacho, la masa. El pueblo es instruido, sabio, libre… la masa es borrega y es conducida por líderes que le dicen lo que quieren escuchar o los convencen mediante falacias y manipulación. Los romanos diferenciaban entre el pueblo y la plebe, así mismo los griegos diferenciaban entre el demos, el pueblo, y el plezos, la masa.


¿Cómo sería una Cataluña independiente?

Escrito por renacimientogotico 17-09-2015 en Política y Sociedad. Comentarios (0)

Partiendo de la base de que, como anarquista, estoy en contra de la existencia de cualquier Estado (español, catalán, italiano… o lleve el apellido que lleve) el llamado proceso soberanista de Cataluña es un tema que colma los telediarios y que, por desgracia, está crispando los ánimos de mucha gente tanto en Cataluña como en el resto de España. Por ese motivo voy a dar mi opinión de cómo creo yo que sería una Cataluña independiente. No voy a entrar a valorar el tema, ni a decir lo que yo creo que va a ocurrir ni a explicar por qué existe independentismo en Cataluña y no en Extremadura, por poner un ejemplo, ya que eso alargaría demasiado la entrada. Sobre el nacionalismo en la Península Ibérica tal vez dedique en el futuro una reflexión.

Tres Debates Superpuestos

Cuando se habla de la cuestión catalana hay tres debates que a menudo se suelen entremezclar y que a mi parecer son bastante diferentes:

1.  ¿Tienen derecho los catalanes a formar un Estado independiente?

2.  En caso de tenerlo, ¿tiene la Generalitat legitimidad para declarar la secesión de forma unilateral?

3.  ¿Deben los catalanes independizarse?

Esto, evidentemente, es bastante más complejo que una pregunta de Sí o No que se pueda plantear en un referéndum. Para responder a la primera pregunta, sin entrar en cuestiones judiciales porque, a fin de cuentas las leyes y las Constituciones se cambian lo que hoy es legal o constitucional mañana pude no serlo si lo decide un parlamento; abordaré este tema de otra manera. Es evidente que existe una Comunidad de personas organizada políticamente en un Estado que se llama el Reino de España. Los catalanes son parte de esa Comunidad política. Como en cualquier otro ámbito de la vida, uno ha de tener derecho, si quiere, a dejar de pertenecer a una Comunidad o formar la suya propia y a organizarla de la manera que crea conveniente. O sea que podríamos decir que sí, que tienen derecho a separarse del resto de España y organizarse como crean oportuno.

En cuanto a la segunda pregunta, mi respuesta es un no rotundo. No estamos hablando de que en Cataluña haya habido una revolución y haya un Gobierno Provisional o de una situación similar en la que la legitimidad del gobierno catalán venga dada por el pueblo directamente. El Estado existe porque hay un contrato social, cuando hay una revolución es porque ese contrato se ha roto y se plantea un nuevo contrato social con otras condiciones. Es lo que ocurrió, por ejemplo, cuando los Estados Unidos se separaron de Gran Bretaña: el rey había roto la legalidad (o así se entendió por parte de los independentistas) y, en base a eso, los rebeldes declararon que el pacto estaba roto y elaboraron uno nuevo, declarando su independencia. Nada de eso ha sucedido en Cataluña. La Generalitat existe en virtud al Estatuto de Cataluña, que es una Ley Orgánica aprobada por las Cortes españolas. Es decir, es la legalidad estatal del Reino de España la que le da la autoridad al gobierno catalán y no tiene otra legitimidad aparte de esa, por lo que no puede actuar contra las leyes del Estado sin perder su legitimidad.

La tercera pregunta ya es más complicada de responder y, en todo caso, es una cuestión que corresponde sólo a los catalanes. El resto de los españoles podemos desear o no la independencia de Cataluña, pero es como cuando una pareja se separa: por mucho que quieras a tu mujer, es su decisión y no la tuya seguir contigo o dejarte. Mi opinión personal es que la unión hace la fuerza y, como iberista que soy, creo que lo deseable es unir a toda la Península Ibérica en lugar de dividirla. También hay que tener en cuenta que, en todo este proceso, no se ha dado otra opción a los catalanes que elegir entre el Estado español y un eventual Estado catalán ¿alguien se ha planteado abolir el Estado en Cataluña? ¿Una Comunidad Nacional catalana en lugar de un Estado catalán? Precedentes desde luego hay, pues precisamente en Cataluña hay una gran tradición libertaria.

Yo entiendo que los catalanes quieran defender su cultura y su identidad si la sienten amenazada por parte del Estado, pero creo sinceramente creo que un Estado catalán, en un mundo globalizado como este en el que la troika gobernaría Cataluña igual que gobierna España, no les garantiza para nada que su identidad y su cultura se vayan a mantener. Lo cierto es que, en este particular, el unionismo o españolismo, como se le quiera llamar, está fracasando estrepitosamente. Quienes defienden posturas contrarias a la secesión tan sólo dan argumentos legales o apelan a un futuro apocalíptico, pero no dan razones y argumentos a los catalanes para querer quedarse.

El Peor de los Escenarios

Según las últimas encuestas, la sociedad catalana está dividida en cuanto su apoyo a la independencia más o menos a la mitad. Es decir, se haga lo que se haga será una imposición de la mitad de los catalanes hacia la otra mitad. En esas circunstancias, si el gobierno catalán declara la independencia unilateralmente, no contaría con un apoyo entusiasta de los catalanes… sólo de la mitad de ellos, pero también contaría con la oposición de la otra mitad.

Esa independencia unilateral podría quedar como un brindis al Sol y que, en la práctica, fuese el Estado español el que sigue cobrando impuestos y controlando la administración central en Cataluña… o puede darse un paso más y que el gobierno catalán se declare en rebeldía y cree su propia Hacienda para recaudar impuestos, asuma el control de las competencias estatales… en definitiva, se constituya de facto un Estado catalán. Estado que, en la tesitura actual, no reconocería nadie internacionalmente.

Cualquier Estado, el español también, está dispuesto a poner todos los medios a su alcance para garantizar su supervivencia, sea al coste que sea. Por lo que es de suponer que si se declara la independencia de Cataluña, el gobierno central suspendería la autonomía catalana y la Guardia Civil o la Policía Nacional detendrían a los miembros del gobierno catalán acusados de un delito de sedición, traición o como se llame en el Código Penal. El gobierno catalán, ante esto, podría huir y constituir un gobierno en el exilio, dejarse encarcelar y servir de mártires para la causa… u oponer resistencia, lo que implicaría una respuesta militar por parte del Estado español. Se declararía el estado de sitio en Cataluña y comenzaría una guerra.

Las consecuencias de una guerra en Cataluña serían devastadoras para todo el mundo. Puede parecer impensable algo así… pero así ocurrió en Yugoslavia. Si por alguna razón el gobierno catalán consigue ganarse la amistad de una potencia extranjera lo suficientemente fuerte como para apoyar un Estado catalán y enviar tropas a Cataluña (que es bastante difícil que ocurra, pero nunca se sabe) capaces de derrotar al Ejército español, el gobierno de Madrid se vería incapaz de aplastar la rebelión. En caso contrario, Cataluña se convertiría en una región rebelde y habría una guerra de guerrillas de desgaste durante años, o quien sabe sino surgiría un grupo terrorista o cualquier cosa. En todo caso, una guerra en Cataluña supondría la quiebra definitiva del Estado español y probablemente desencadenaría un colapso de proporciones insospechadas para España.

Suponiendo que, finalmente y tras años de devastación, interviniera la ONU en Cataluña y se firmara un alto el fuego, el Estado catalán independiente sería un títere en manos de la potencia que lo hubiese ayudado a independizarse y habría una fractura total en la sociedad catalana y unas relaciones totalmente rotas entre Cataluña y el resto de España a consecuencia de la guerra. Por no hablar de las pérdidas humanas y económicas, lo que nos llevaría a una Cataluña con un nivel de vida como el de Kosovo o Bosnia y en la que las mafias controlarían el Estado catalán.

El Mejor de los Escenarios

Vamos a suponer que, por una vez, se hacen las cosas bien en este país. Que la mayoría social catalana, abiertamente independentista, consigue forzar a que el gobierno de Madrid convoque un referéndum y en el mismo gana el Sí a la independencia. La bandera rojigualda es arriada para siempre del Palau de la Generalitat y en su lugar es izada solemnemente la estelada mientras los mossos d’escuadra presentan armas y suena Els Segadors. Queda proclamada la República catalana.

Después de la euforia de los primeros días, se constituye un Gobierno Provisional en Cataluña en espera de una Asamblea Constituyente que elabore la Constitución del nuevo Estado. Los diputados catalanes abandonan las Cortes españolas y comienzan las negociaciones entre el gobierno español y el catalán. Tras varios meses de negociación, se firma un tratado entre Felipe VI y el Presidente de Cataluña por el cual la República catalana asume su parte proporcional de la deuda nacional de España y la deuda de la Comunidad Autónoma con el Estado, pasa a ser deuda externa de la República catalana con el Reino de España. Se acuerda la opción de doble nacionalidad entre catalanes y españoles y se establece un acuerdo de amistad y cooperación económica. En unos dieciocho meses, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado abandonan Cataluña de forma paulatina y el nuevo gobierno catalán asume las competencias estatales.

Tras solicitarlo y esperar unos años, la República catalana se convierte en un nuevo Estado de la Unión Europea y la peseta catalana es sustituida por el euro. Se acuñan euros en Barcelona con la efigie de Prat de la Riba. La relación con España es de buena vecindad hasta el punto de que, tras un acuerdo entre la FCF y la RFEF, se organiza una Liga conjunta. El Barça se sigue enfrentando al Madrid, y todos contentos en ambos lados. A pesar de la división con respecto a la independencia, los unionistas aceptan el resultado y hay un amplio consenso nacional al elaborar la Constitución. El 12 de octubre desfilan tropas catalanas por el Paseo de la Castellana por el Día de la Hispanidad, devolviendo el gesto el 11 de septiembre, cuando un tercio de la Legión desfila por la Diagonal celebrando la Diada. Poco después de la independencia, se juega un amistoso en Barcelona entre España y Cataluña, la afición del Camp Nou escucha respetuosamente la Marcha Real y aplaude el himno de un país amigo. En Eurovisión, Cataluña le da los 12 puntos a España, aunque su canción es horrenda. El nivel de vida de los catalanes es similar al que tienen hoy los portugueses y muchos llaman cariñosamente a España la Madre Patria.

Probablemente la realidad de lo que pasaría si el proceso finalmente concluye con la independencia estaría entre la distopía del principio y la utopía del final, el problema es que en este tema hay poca voluntad de entenderse desde un campo y desde el otro y mucha de confrontarse.