Renacimiento Gótico

Política y Sociedad

Traslado a WordPress

Escrito por renacimientogotico 28-01-2016 en Religión. Comentarios (0)

Debido a que blogspot.es da algunos problemas con la publicidad, sobre todo en dispositivos móviles, he decidido trasladar el blog a WordPress. Este blog seguirá existiendo para poder consultar las entradas antiguas, pero a partir de ahora la actividad se llevará a cabo en la nueva dirección de Renacimiento Gótico

Espero que el traslado sea para bien y se mejore este proyecto en la nueva página. Nos vemos en WordPress.

Proyectar Nuestros Valores

Escrito por renacimientogotico 10-01-2016 en Religión. Comentarios (0)

Muchas veces nos desalienta pensar a aquellos que no estamos conformes con el mundo en el que vivimos que somos, comparativamente hablando, muy pocos. Nos diluimos en medio de una masa amorfa y acrítica y que eso hace que sea imposible cambiar absolutamente nada. Sin embargo si vemos lo que ha ocurrido a lo largo de la historia, los cambios nunca han venido impulsados por un gran número de personas, sino más bien por una élite con las ideas claras y con tenacidad que ha sabido proyectar sus valores al resto de la sociedad y arrastrar a las masas.

Los cimientos de una sociedad siempre son espirituales y morales. Es absurdo tratar de tomar el poder político si la sociedad está corrupta o si tiene una mentalidad tal que hará que tu obra política se deshaga en cuanto tú dejes de estar al frente. En toda guerra es más importante el motivo por el que los soldados luchan que el número de hombres o el armamento, pues con un ideal fuerte y con la mentalidad clara, un ejército puede resistir hasta el último aliento aunque sea más débil que el enemigo. Por eso yo he centrado mis esfuerzos en esa lucha espiritual, en recuperar la vieja religión, en lugar de tratar de entrar en una farragosa y estéril lucha por el poder político.

Todo movimiento religioso implica el deseo de regeneración de la sociedad, suele suponer, si tiene cierto éxito, un cambio de las mentalidades y las costumbres, por lo que se vuelve también un movimiento social. Tal es el caso del Odinismo, que aunque sea minoritario, implica un cambio de actitudes y de forma de pensar en las comunidades que practicamos la vieja fe, el cual se proyecta más allá de dichas comunidades.

Establecer los Cimientos

El primer paso que una persona ha de dar es la reflexión individual, aclarar conceptos fundamentales y tener una visión clara de las cosas. Esto vale para la religión y en general vale para cualquier aspecto de la vida. Vivimos en un mar de dudas y hay muchas cosas que distorsionan y contaminan nuestra manera de pensar. Aislarse de todo eso es realmente difícil y supone años, pero una vez lo consigues es cuando te sientes realmente libre, cuando realmente estás pensando por ti mismo y puedes actuar de acuerdo a ese pensamiento. En el caso del Odinismo es necesario despojarse de la influencia cristiana y de las ideas universalistas con las que desde todas las instancias nos bombardean continuamente. Una vez se tiene una visión claramente popular o folkish en lo religioso y tribalista en lo social, se ha de trabajar intensamente porque el resto de los odinistas tengan las herramientas espirituales para no verse influenciados por el lastre judeocristiano y por las ideas mundialistas que la sociedad globalizada en la que vivimos nos impone.

Es en este momento, cuando uno tiene las ideas claras, cuando tiene su visión espiritual totalmente definida (lo cual no significa ni mucho menos que deje de aprender o de hacerse preguntas) cuando busca personas con inquietudes similares en su misma zona. No basta con tener afinidad espiritual o con tener la misma visión, es necesario tener también afinidad personal, buscar ante todo la calidad humana de los demás. De nada sirve encontrar a alguien con una visión similar del odinismo si no te vale como persona. Si encuentras esa gente con la que humana y espiritualmente tienes afinidad, poco a poco se va labrando una hermandad que al final cristaliza en un kindred. El kindred es la base de todo, una hermandad fuerte, un vínculo estrecho con tu gente es lo que te hace que puedas construir, que puedas crear y lo que te sostiene en los peores momentos. Un kindred puede estar formado por tres, cuatro o cinco personas, pero no es necesaria más gente si quienes lo forman están activos y comprometidos.

Círculo de Influencia del Kindred

Toda comunidad religiosa tiene un ratio de influencia que va más allá de los propios fieles que la forman. Pensemos por ejemplo en una parroquia cristiana. Culturalmente miles de personas de ese barrio o pueblo se consideran cristianas, pero la inmensa mayoría no van a los oficios religiosos. De esos que van a misa todos los domingos, sólo algunos forman parte de la cofradía que tiene su sede en la parroquia. De esos, la inmensa mayoría limitan su actividad a un donativo económico y a sacar en procesión a la virgen, el cristo o el santo patrón. Solo una minoría está implicada realmente en las actividades de la parroquia y sin embargo las parroquias o cofradías cristianas son capaces de hacer grandes cosas, de organizar una procesión que congrega a cientos o miles de personas, de montar un comedor social, un banco de alimentos, de vestir a los pobres, organizar la catequesis de los niños, hacer eventos culturales… por lo que en el fondo un pequeño grupo de personas es la que trabaja y es capaz de conseguir todo eso.

En nuestro campo pasa lo mismo. Pongamos por ejemplo un kindred de cinco personas activas. Esos cinco, que podemos llamar el círculo interior, son creyentes, pero el kindred tiene un núcleo de amigos y gente cercana que, sean creyentes o no, simpatizan con el Odinismo al menos a nivel cultural. Es lo que podríamos llamar el círculo exterior que tiene mucha importancia a la hora de organizar cualquier actividad. Si el kindred está activo, hace charlas, conferencias, escribe libros, difunde sus valores y sus creencias, no con una intención proselitista sino con una intención de darse a conocer, resultará atractivo para mucha más gente. Entre miembros del kindred y gente cercana se puede montar una asociación cultural que haga charlas históricas, organice talleres de recreación, monte conciertos… las posibilidades son muy grandes y con este tipo de eventos se llega a decenas o quizás cientos de personas.

Del mismo modo que existe un cristianismo cultural, la gente que se considera cristiana o que no se plantea cuestiones espirituales pero vive bajo la influencia cultural del cristianismo, también existe un odinismo cultural. Ya sea por moda, ya sea gente que le gusta la mitología, que descubre juegos de rol relacionados con los vikingos, la serie Viking, juegos de ordenador, la música folk o el viking metal, que le gusta la estética y lleva un Mjöllnir o un trisquel, es gente que está bajo la influencia cultural del odinismo. Esa gente puede ser atea, agnóstica, creyente… no es relevante, lo importante es que culturalmente está expuesta a los valores odinistas y siente afinidad por la cultura que trasmite el odinismo.

Recuperar las Fiestas

Las personas que forman parte de eso que podemos llamar el odinismo cultural se verán atraídas hacia las actividades, charlas o cualquier otro evento cultural que un kindred o una asociación sea capaz de organizar. Es una masa social que tenemos y que a menudo no somos conscientes de ello. Si algo atrae a la gente, sin duda, es celebrar una fiesta, sea del tipo que sea. Las fiestas cristianas son en el fondo fiestas de la vieja religión cristianizadas, es algo que la mayoría de la gente sabe, y las celebra por tradición. Sin embargo algunas fiestas están totalmente degeneradas y desvirtuadas de su verdadero espíritu. Pongamos como ejemplo la fiesta de la primavera.

La fiesta de la primavera, en la mayoría de los casos, consiste en un macro-botellón donde adolescentes y jóvenes beben sin control y dejan la ciudad de turno llena de suciedad. Esta forma insana de ocio, además de molestar a los vecinos, de ser un cobijo para que toda la gentuza de rienda suelta a su espíritu destructivo y de dar una pésima imagen de la ciudad y de la juventud, es totalmente nefasta para la salud. Los casos de comas etílicos son comunes en esas celebraciones donde no hay música, no hay comida, no hay ningún espectáculo… sólo se puede beber y nada más que beber. En Granada es más famoso el botellón que la propia Alhambra, por poner un ejemplo.

¿Cuánto le costaría a un kindred o a una asociación cultural hablar con un pub y celebrar una fiesta ese día? Una fiesta en la que haya bebida a precios populares, pero también concursos, buena música y una pequeña charla explicando el origen de la fiesta y lo que significa. No hacen falta más de dos o tres personas para organizar todo eso y atraería a muchísima gente. Si tiene éxito y el pub sale ganando, al año siguiente se repetirá y el boca a boca hará que venga más gente. Tal vez con el paso de los años, varios pubs organicen algo similar y se vaya creando la costumbre. Posteriormente se puede hablar con las autoridades municipales y conseguir un espacio público en el que organizar conciertos, concursos para los niños, una charla informativa sobre lo que la fiesta y de dónde viene, carpas con comida… cientos de personas se verían más atraídos por esto que por beber de manera insana en un recinto que parece un estercolero, y cualquier Ayuntamiento preferirá un modelo de ocio saludable que sea una alternativa al marco-botellón.

Si la iniciativa tiene éxito en unos cuantos años será tradición y los padres acudirán con sus hijos a celebrar de esta forma la primavera. Puede convertirse en un evento en la ciudad y atraer gente de ciudades o pueblos cercanos. Muchos jóvenes preferirán ver un concierto, participar en un taller, disfrutar de un buen ambiente con servicios, comida y bebida a precios populares… antes que ir a beber a un lugar sucio, donde suele haber peleas y donde se junta lo peor de la sociedad. Así pues el Ostara Fest acabaría reuniendo a miles de personas. Un grupo de cuatro o cinco personas bien organizadas pueden ser capaces de conseguir que miles de personas celebren una fiesta como Ostara. En unos cuantos años sería tradición y se habría recuperado una celebración ancestral, fomentando la cultura, creando riqueza en el comercio local y cambio hábitos de consumo y el modelo de ocio de los jóvenes.

Si la cosa funciona, se puede hacer en otras fiestas y poco a poco, a lo largo de cinco o diez años, ese pequeño grupo de menos de diez personas, puede conseguir una gran transformación en su ciudad o su pueblo. Muchos grupos, en muchas ciudades o pueblos, haciendo cosas parecidas pueden conseguir que poco a poco la sociedad vaya cambiando y se proyecten los valores que nosotros queremos. Simplemente debemos de no tener prisa y pensar que esto es una carrera de fondo, que el trabajo de hormiguita que hagamos hoy no dará sus frutos quizás hasta dentro de diez años, pero al final lo acabará dando, el trabajo bien hecho siempre da frutos.


Wotan y el Resurgir Espiritual de Europa

Escrito por renacimientogotico 30-11-2015 en Religión. Comentarios (0)

El nombre con el que normalmente nombramos al Padre de Todo es Odín. Odín representa muchas cosas, tiene muchos nombres y expresa muchos aspectos de nuestro inconsciente. La palabra Ódhr (inspiración) de la que deriva su nombre, nos da una clara pista sobre el significado profundo que tiene Odín como chamán, como sabio, como Thulr Supremo y como dios de la magia y las runas. Cuando meditamos, cuando accedemos a un estado de consciencia más elevado, es con Odín con quien hablamos, lo cual es como hablar con nosotros mismos y nuestra propia inspiración. Conocernos a nosotros mismos, profundizar en nuestro Yo, nos acerca al Padre de Todo. Una buena manera de acceder al conocimiento, a la sabiduría, en primer lugar, es centrarnos en nosotros mismos. Es en ese estado de tranquilidad, de meditación, de relajación, cuando nos centramos en nosotros mismos y buscamos en nuestro interior, cuando podemos tomar contacto con Odín. Eso es más útil que rezar en el sentido en el que estamos acostumbrados, de elevar plegarias. Preguntarle a Odín es preguntarnos a nosotros mismos, no centrarnos en los demás, sino pensar en cómo debemos actuar, en qué haría Odín en nuestro lugar. El Hávamal es una gran ayuda para entender este tipo de cuestiones y nos dice cómo el Padre obtiene las runas:

Sé que pendí nueve noches enteras

del árbol que mece el viento;

herido de lanza y a Odín ofrecido

yo mismo ofrecido a mí mismo

del árbol colgué del que nadie sabe

el origen de sus raíces.

HAVAMAL, 138

Sin embargo hoy voy a nombrar al Padre de Todo con otro de los nombres más habituales con el que siempre se le ha llamado, Wotan. Wotan, que deriva de Woþanaz, es decir, Furioso. Es el nombre más común que se le daba en la Antigüedad a esta divinidad en Germania, como dios de la guerra, de los guerreros en trance en el llamado furor teutónico que en época vikinga se llamó berserkergang. Precisamente este es el nombre que usa Carl Gustav Jung en su ensayo Wotan de 1936, que recientemente he tenido la oportunidad de leer y me ha parecido tremendamente enriquecedor. Jung entiende a los dioses como una expresión del inconsciente colectivo del pueblo que les rinde culto, concretamente Wotan sería la expresión del furor guerrero.

La Decadencia Material de Europa

El Pueblo Europeo ha ido experimentando una lenta decadencia en los últimos 5000 años, decadencia que se ha puesto más de manifiesto y se ha acelerado cada vez más cuanto más cerca del momento presente nos situemos. En un primer momento fue una decadencia social, los vínculos familiares y tribales entraron en decadencia con la aparición del Estado. Desde que existe el Estado, los europeos que hemos vivido baja su yugo hemos pasado a ser ciudadanos del Estado y esa lealtad al Estado como institución ha intentado sustituir a la lealtad natural que tenemos con nuestra sangre, nuestro clan, nuestra tribu y nuestra comunidad popular. Como ciudadanos del Estado somos individuos, tenemos libertad individual, al menos en teoría, pero lo cierto es que la sociedad estatal nos ha ido desarraigando cada vez más de nuestros vínculos familiares.

El Estado, en el plano espiritual, también sustituyó la espiritualidad natural por una religión institucional, con una casta sacerdotal, tendente al dogmatismo. Las estructuras religiosas fuertemente jerarquizadas son propias de una sociedad estatal en la que los sacerdotes son los que legitiman al poder político, mientras que las religiones tribales son mucho menos rígidas y el sacerdote es una suerte de erudito o estudioso de la tradición, que tiene una autoridad moral sobre la Comunidad.

El Estado representa pues la decadencia de la Comunidad. En el caso de Europa esta decadencia se dio primero en Grecia, durante las culturas minoica y micénica. Sin embargo colapsó en lo que llamamos la Edad Oscura de la Historia de Grecia, cuando los pueblos dorios, de origen celta, invadieron Grecia y el resultado de esta invasión fue la caída del Estado y la aparición de la polis, la Comunidad, así como de la cultura helénica, cuna de Europa. Las poleis fueron degenerando hasta convertirse en Estados y finalmente establecerse el Imperio de Alejandro Magno y el helenismo, que no es otra cosa que la degeneración de la cultura helénica europea, mezclada con elementos orientales y, en última instancia, el final de los griegos como civilización.

En Roma ocurrió algo similar. El pueblo romano entró en decadencia cuando la República llega a su fin y el Imperio será una consagración de esa decadencia, pese a tener periodos de esplendor o de expansión, en tanto en cuanto se convirtió en universal. Cualquier Imperio tiene inevitablemente la idea de universalidad en su ADN desde el momento de nacer y a la decadencia moral y espiritual que sufrió la civilización romana, las causas económicas y las luchas por el poder, hay que añadir la crisis de identidad y la desvirtuación cultural cuando se generaliza la ciudadanía en todo el Imperio y se considera romano tanto a un númida norteafricano, como a un celta o un griego. Así pues Roma dejó de existir como civilización como le había ocurrido a Grecia, al establecer un Imperio.

La Decadencia Religiosa

La pérdida de las libertades políticas en favor de la tiranía, la decadencia cultural o la crisis moral fueron algunos de los aspectos en los que el universalismo imperial provocó la decadencia de Grecia y Roma y, posteriormente, de todos los pueblos europeos cuando estos sustituyeron su organización tribal tradicional por una sociedad estatal. Pero otro aspecto fundamental en el que esta decadencia se puso de manifiesto fue la decadencia religiosa. La espiritualidad es la base de la sociedad, sin espiritualidad una persona está perdida, por lo que socavar la espiritualidad de los pueblos es el primer paso para destruirlos.

El culto al Divino Augusto en los primeros tiempos del Imperio Romano fueron una manifestación de la adoración al Estado, encarnado en el príncipe, que venía a sustituir los vínculos familiares y tribales. De esta forma uno podía ser galo, ibero, germano, britano, númida, egipcio, griego… pero frente a esa vinculación natural con el propio pueblo y con los lazos de sangre, preponderaba el hecho de que se estaba bajo el imperium de Roma y su César, que adquiría así un papel más propio del despotismo oriental y de una teocracia que de un caudillo europeo tradicional.

El siguiente paso fue una tendencia al monoteísmo cada vez mayor. Se intentó establecer primero la monolatría (existen varios dioses pero sólo uno es merecedor de culto) con el César, convertido en un semidiós, así como un culto al dios solar Helios que se relacionaba con el culto solar a Atón en Egipto o a Mitra en Persia. Muchas religiones y corrientes culturales procedentes de Oriente se implantaron en Roma, entre ellas el judaísmo, que ya era una religión plenamente monoteísta. Había comunidades judías en todo el Imperio y una de las sectas judías que existía a principios de la Era Común era la de los nazarenos que, tiempo después, serían llamados cristianos.

El cristianismo fue una elaboración producida por Pablo de Tarso, que convirtió una secta judía, la de los seguidores de Jesús de Nazaret o nazarenos, en una filosofía al estilo griego que adoptó elementos del neoplatonismo y del estoicismo, pasando el Mesías a ser considerado Cristo, ungido por Dios, asociado a la figura de los semidioses como Hércules. Aunque el cristianismo en principio fue perseguido, finalmente fue adoptado como religión oficial del Estado y adoptó las formas y la liturgia romana. Frente a las religiones étnicas o gentiles, el Imperio estableció una religión católica, es decir, universal. A pesar de ello, el inconsciente colectivo de los europeos siguió siendo el mismo y la concepción el arte también, por lo que se representó a los cristos, las vírgenes o los santos del mismo modo que se había representado durante siglos a los viejos dioses.

Decadencia de la Cristiandad

Del mismo modo que el inconsciente colectivo europeo siguió expresándose en el arte, pese a ser un arte formalmente cristiano, la cultura grecolatina no se perdió pese a la caída del Imperio y siguió existiendo en los monasterios en medio del caos. Los Reinos germánicos fueron una expresión de Wotan, como dios errante y viajero, que como una expresión de vigor impulsó a las tribus germánicas a establecerse en un Imperio decadente y devastado para hacer resurgir con el tiempo la cultura europea. Los llamados “siglos oscuros” de la Edad Media fueron sin embargo los siglos del románico y del gótico, de la aparición de las universidades y de un lento pero imparable resurgir de la espiritualidad pagana anterior al cristianismo.

Sin embargo la idea universal del Imperio, pese a la caída de Roma, siguió estando presente. Las Iglesias católica y ortodoxa fueron las sucesoras espirituales del Imperio Romano y el Sacro Imperio Romano-Germánico y el Imperio Bizantino los sucesores políticos. El resultado de todo esto fue la Cristiandad medieval. Pero bajo ese paraguas universalista y cristiano, la cultura europea se configuró en el embrión de las modernas naciones, mientras que en la otra orilla del Mediterráneo se establecía el Califato islámico. Europa occidental, de raíz celta, latinizada por Roma y germanizada por godos, suevos, burgundios, sajones, francos, lombardos… y Europa oriental, de raíz eslava y báltica, helenizada por la Iglesia ortodoxa y germanizada por los vikingos. La pretendida unidad espiritual de la Cristiandad, en realidad, no era sino una unidad de sangre de los pueblos europeos, totalmente contraria al espíritu universalista cristiano.

Sin embargo la Cristiandad también comenzó a decaer. El paganismo nunca llegó a desaparecer del todo, aunque fuese demonizado y considerado satánico por la Iglesia. La autoridad dogmática de Roma no pudo frenar que la espiritualidad europea siguiese viva y que la vieja religión perviviese en el folclore y en el inconsciente europeo, como tampoco pudo hacer frente a las numerosas herejías medievales y finalmente al protestantismo. La Reforma de Lutero y posteriormente de Calvino supuso el final de la unidad cristiana y la Cristiandad, iniciando una decadencia que no ha se ha detenido.

Ideologías Salvíficas Herederas del Cristianismo

La decadencia de la Cristiandad ha sido imparable desde la Reforma y actualmente el cristianismo es tan sólo una fachada, algo formal en la espiritualidad europea. Como Nietzsche dijo en el siglo XIX, Dios ha muerto. Pero las ideologías salvíficas sucedieron al cristianismo, primero el liberalismo y posteriormente el marxismo. El liberalismo, a través de la masonería, socavó los cimientos de la Cristiandad para establecer el culto al egoísmo, a la nación deificada en lugar de a Dios, al individualismo absoluto y al Estado nacional. Las tres grandes monarquías de la Modernidad fueron, de este modo, destruidas por el liberalismo. Primero con la llamada Revolución Gloriosa en Inglaterra y más tarde la Revolución Americana que acabó con el Imperio Británico, dejando en su lugar un Estado al servicio de unas cuantas familias oligárquicas de banqueros usureros. Más tarde, la Revolución Francesa acabó con la Monarquía tradicional en Francia y estableció una República y posteriormente un Imperio que expandió el liberalismo por todo el continente. En tercer lugar, las independencias de la América española supusieron el final del Imperio Español y de la Monarquía Católica, que siguió existiendo pero como una entelequia sin ningún poder y derivando hacia una Monarquía liberal con Isabel II.

Durante el siglo XIX el Estado liberal se asentó y el capitalismo industrial destrozó poco a poco toda la sociedad tradicional campesina europea y sus viejos valores. Con la I Guerra Mundial las tres grandes monarquías que quedaban en Europa, el káiser alemán, el Emperador de Austria y el Zar de Rusia, fueron barridas en pos del liberalismo, como también lo hizo el Imperio Otomano, sucesor del Califato en el mundo musulmán. Con la II Guerra Mundial las élites europeas fueron eliminadas y Europa quedó totalmente asolada y destruida. Este largo proceso ha fortalecido a las mismas oligarquías en todo el mundo y tras el final de la Guerra Fría ha supuesto la entrada del capitalismo en su fase global, la Globalización, que pretende definitivamente borrar la identidad étnica y establecer una cultura única para todo el planeta.

El Resurgir de Wotan

Tras los últimos convulsos siglos nos encontramos hoy una Europa deshecha, decadente, sin rumbo y perdida en medio de un mar multicultural y global que pretende destruirnos como pueblo. Los europeos han perdido su arraigo cultural, su conciencia étnica y su cultura… pero no han perdido su alma y su inconsciente colectivo sigue siendo el mismo. Vivimos en una sociedad de fachada cristiana, marxista en lo cultural y liberal en lo económico, pero seguimos siendo europeos y seguimos vivos como pueblo.

El vigor europeo volverá a resurgir cuando todo se desplome a nuestro alrededor, debemos tener una fe fuerte y un firme sentimiento de identidad como pueblo y amor a nuestra cultura. Del mismo modo que con el establecimiento de los Reinos germánicos, con la Reconquista en España, con el Romanticismo del siglo XIX o con el convulso periodo de entreguerras del siglo XX en el que afloraron todo tipo de movimientos; el vigor y el furor europeo que Wotan representa en nuestro inconsciente volverá a la vida. A veces es necesario que el caos arrase con todo para que la naturaleza se pueda regenerar y nacer de nuevo. Europa volverá a nacer de nuevo, nuestra cultura volverá a resurgir y Wotan ensillará a Sleipnir y emergerá de los bosques para guiar a la cacería salvaje y liderarnos en esta empresa. Nuestra fe ha de ser fuerte, Él está con nosotros, dentro de nosotros, en nuestro inconsciente, en nuestro espíritu guerrero y nos da fuerzas para sobrevivir.


Lucha por amor, no por odio

Escrito por renacimientogotico 19-11-2015 en Política y Sociedad. Comentarios (0)

Los últimos atentados perpetrados en París por el Estado Islámico han despertado la lógica reacción de indignación, rabia y odio hacia quienes los han cometido. Lo cierto es que Europa lleva mucho tiempo en guerra, una guerra que estamos perdiendo y que ahora, cuando se producido este infame y brutal atentado en el corazón de Francia, muchos europeos han comenzado a percibir la realidad. Europa clama venganza pero a la vez tiene miedo y está terriblemente desinformada de por qué ha ocurrido lo que ha ocurrido, de cómo evitar que se repita y aún de quién es el enemigo.

Identificar al Enemigo

Después de asumir que estamos en guerra, el primer paso es identificar correctamente al enemigo. El integrismo islámico es sólo una de las cabezas que tiene la hidra contra la que luchamos. Conviene aclarar la diferencia entre árabe, musulmán, integrista y terrorista. Los árabes son una etnia perteneciente a los pueblos semitas (como los acadios, los asirios, los caldeos o los hebreos, entre otros) originaria de la Península Arábiga y cuya presencia se extiende por el Próximo Oriente Asiático y el Norte de África. Hay árabes musulmanes, cristianos, ateos, agnósticos o incluso seguidores de su religión nativa, que en su reconstrucción moderna recibe el nombre de wathanismo (podéis encontrar más información sobre la vieja religión árabe aquí y aquí). Eso quiere decir que ser árabe no te vincula necesariamente con ninguna creencia o ideología, de hecho el nacionalismo árabe o panarabismo, que aboga por la unidad política de todos los países árabes, es fundamentalmente laico. Los árabes NO son nuestros enemigos, es más, pueden ser aliados potenciales. El pueblo árabe es el que más ha sufrido el islam de todos los pueblos, pues arrasó su cultura ancestral y destruyó su vieja religión. Por otro lado, un musulmán no necesariamente es árabe, puede ser persa, turco, chino, malayo, sudanés… o europeo, como el caso mayoritario de los albaneses, los bosnios o multitud de conversos de toda Europa.

Dentro del islam, religión monoteísta, universalista, dogmática y totalitaria que para nada es deseable en Europa, existen numerosas corrientes. Hay que perder el miedo a no ser políticamente correctos y criticar al islam como sistema de creencias y como ideología del mismo modo que podemos criticar el fascismo, el marxismo o cualquier ideología por muy sagrada que esta sea para quienes la practican o defienden. El islam en mi opinión, no es deseable en Europa, como no lo es el cristianismo ni ninguna religión relevada, monoteísta, proselitista y dogmática. No existe esa diferencia que hacemos entre “islam moderado” e “islam radical”, los musulmanes no la hacen. Para ellos la diferencia es entre ser musulmán o no serlo, si uno es musulmán acepta el Corán y una serie de preceptos, sino los acepta no es musulmán. El islam se basa en la revelación de Mahoma, ese mensaje revelado que se conoce como el Dîn, la senda por la que, según su concepción teológica, el creyente llega a Dios.

Como ocurre con el cristianismo o el judaísmo, existen diferentes corrientes islamistas que interpretan ese Dîn de manera diferente. Algunas de esas corrientes son lo que los europeos llamamos integrismo, las corrientes más literales, más fanatizadas y más violentas, como el salafismo o el wahabismo. Seguir esa corriente no implica ser un terrorista, pero en ese caldo de cultivo, en esa legitimación ideológica que defiende la guerra santa o yihad, es donde aparecen los grupos terroristas.

La pregunta que debemos hacernos es ¿quién fomenta estas corrientes islamistas? ¿Quién financia las mezquitas integristas en suelo europeo? ¿Quién les vende armas? ¿Quién les compra el petróleo? ¿Quién financia a estos grupos terroristas? ¿A quién le interesa y por qué que existan? Pues bien, aquí empieza lo complicado del análisis. Las monarquías petroleras del Golfo Pérsico, en especial Arabia Saudí, no son menos integristas que el Estado Islámico, sencillamente tienen el monopolio de la violencia en su territorio, no necesitan infundir terror en su población de manera tan cruda… y son amigas de los gobiernos de Occidente. Son estas teocracias despóticas las que fomentan las ideologías como el salafismo o el wahabismo, construyendo mezquitas en Europa, con la complicidad de los gobiernos europeos.

Si escarbamos un poco nos damos cuenta de que estas monarquías son Estados satélite de Estados Unidos, cuyos principales partidos son financiados por los grandes bancos y las grandes familias como los Rockefeller, Rothschild, Morgan, Pereire… que controlan la Reserva Federal y por lo tanto el dólar. Estos mismos grandes bancos controlan también los bancos europeos, incluyendo el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, por lo que las tres principales divisas internacionales (dólar, euro y libra esterlina) están en sus manos y, por lo tanto, el comercio mundial y la deuda. Ellos financian a los partidos políticos, son dueños de los grandes medios de comunicación que crean opinión y, a través de los Estados europeos, controlan la educación, la opinión pública y hacen leyes que favorecen la inmigración masiva. Fomentan ideologías que incitan al universalismo y el multiculturalismo e impulsan la perniciosa idea de la Globalización, que constituye un suicidio étnico para todos los pueblos de la Tierra.

El islam es únicamente una de las armas que ellos utilizan para destruir a Europa y a todos los pueblos y esclavizarnos, pues quieren una Humanidad homogénea, sin identidad, fácilmente manejable, idiotizada y dócil. Esa falsa sociedad multicultural que quieren imponer, en el fondo, lo que provoca es una sociedad de castas, provoca marginación y en esa marginación, los jóvenes hijos de inmigrantes musulmanes tienen varios caminos: refugiarse en las drogas, traficar para tener prestigio y un futuro… o convertirse en héroes y ganarse en Paraíso siendo muyahidines. El terrorismo, además, viene muy bien a la oligarquía puesto que genera miedo en la población y fortalece la autoridad del Estado y su papel como único dominador de la violencia legítima y deseable, presentando que la alternativa al monopolio de la violencia estatal es el terror, el caos y la barbarie terrorista.

¿Cómo luchar?

Una vez identificado el enemigo nos damos cuenta de que los gobiernos europeos son, cuanto menos, colaboracionistas con el mismo. La misma élite, los mismos amos del mundo, controlan nuestros gobiernos y a la vez se sirven del islamismo y de otros movimientos para su interés. Por lo tanto, confiar en nuestros gobiernos para combatir al enemigo sería tan absurdo como confiar en el gobierno de Vichy para luchar contra el Tercer Reich o confiar en José I Bonaparte para luchar contra Napoleón.

En una guerra hace falta luchar en muchos frentes. Los militares, los guerreros, ciertamente habrán de empuñar las armas y combatir a los terroristas y las amenazas más directas. Por desgracia quienes les dan las órdenes son colaboracionistas con el enemigo, pero aun así el papel de los militares es fundamental protegiendo a la población cuando se produce un atentado. Además de los soldados regulares están los valientes que, por su cuenta y riesgo, marchan a Oriente a sumarse a las milicias kurdas u a otras que combaten al Estado Islámico en su terreno. Así mismo, mientras que la política de la Unión Europea y de Estados Unidos es nefasta con respecto a este tema, Rusia si ha tenido una determinación fuerte de combatir al enemigo con las armas. Ciertamente, la resistencia militar es una de las formas de luchar contra el enemigo.

Sin embargo, no todos somos guerreros y no todos valemos para coger un arma. No obstante, en una guerra hay muchos frentes abiertos, no sólo el militar. Debemos pensar que lo que está en juego es la propia supervivencia de Europa, de nuestra cultura, nuestra identidad y nuestra forma de ser. Además de guerreros hace falta mucha más gente para luchar por Europa, cada uno en su campo, en lo que pueda aportar, en lo que pueda ser más útil. Artistas, en el plano cultural, pueden hacer mucho porque Europa sigua viva, pues el arte es la expresión más elevada del espíritu de un pueblo. Crear arte bello frente al arte degenerado de la actualidad, diseñado para corromper nuestra alma como pueblo, es una manera de luchar. También lo es formarse, estudiar nuestra historia, nuestras costumbres, nuestras tradiciones, fomentar el folclore… desde un baile típico de un pueblo hasta un plato de la gastronomía tradicional pasando por un traje regional o la recuperación de la música folk.

Luchar por amor

Como vemos hay muchas maneras de luchar, desde las más básicas como tener una familia tradicional, defender los valores europeos y criar a los hijos en ellos, hasta otras más elaboradas. Cada pequeño grano cuenta. Partiendo de una base espiritual, que es lo primordial, siguiendo con el plano cultural o ideológico, debemos luchar por amor a nuestra cultura, a nuestros ancestros y a nuestras raíces. No debemos luchar por odio al enemigo, por atroces que sean sus crímenes. A pesar de la rabia que podamos sentir, es el amor a Europa lo que ha de movernos, a la gran patria que nos une desde la Península Ibérica hasta los Urales y desde Escandinavia hasta el Mediterráneo.

La Historia nos enseña que el pueblo que lucha por amor propio es mucho más fuerte que aquel al que sólo le mueve el fanatismo o el odio al enemigo. Actualmente estamos perdiendo la guerra porque el enemigo tiene una firme convicción que la mayoría de los europeos no tiene, tiene un arraigado sentido de la identidad y la fe profunda en sus valores. Por el contrario, los europeos vagamos sin rumbo, totalmente perdidos y a ciegas. Cuando los europeos recuperemos nuestras raíces, nuestro amor propio, nuestro orgullo por nuestra milenaria cultura, por nuestros antepasados, por nuestra familia, por nuestra tradición… ese amor será más fuerte que el odio del enemigo y su fanatismo, y más fuerte que el interés y la perfidia de los usureros que lo sustentan.

Un claro ejemplo de esto lo tenemos en nuestra propia Historia de España. Cuando en el 711 los musulmanes invaden Hispania, la decadente Monarquía visigoda, dividida en facciones, no fue capaz de frenarles… de hecho fueron algunos nobles los que les abrieron las puertas y corrieron a congraciarse con ellos por interés. Los musulmanes gritaban que Alá es grande (lo mismo que gritan ahora), eran un Imperio joven y fuerte… frente a un Reino decadente y débil, viejo y dividido. Eran qaysíes, yemeníes, bereberes… pero estaban unidos, frente a un enemigo que había ido perdiendo sus valores y estaba sumido en luchas intestinas. Así vencieron en Guadalete y en pocos años conquistaron toda la Península Ibérica. Sin embargo, cuando un puñado de campesinos, mal armados, refugiados en las montañas de Asturias, comandados por uno de los supervivientes de aquella batalla de Guadalete, les presentaron batalla once años después, la victoria estuvo de su lado. La razón es que ya no luchaban por su rey o por gloria… sino por su familia, su granja, sus hijos… es decir, luchaban por amor y no por odio.


Portugal es España

Escrito por renacimientogotico 10-10-2015 en Política y Sociedad. Comentarios (0)

“Nem uma só vez se achará em nossos escritores a palavra «espanhol» designando exclusivamente ao habitante da Península não português. Enquanto Castela esteve separada do Aragão e já muito depois que unida, nós e as demais nações da Espanha, Aragoneses, Castelhanos, Portugueses, todos éramos, por estranhos e próprios, comumente chamados «espanhóis» assim como ainda hoje chamamos «alemão» ao Prussiano, Saxão, Hannoveriano, Austríaco: assim como o Napolitano, o Milanês, o Veneziano e o Piamontês recebem indistintamente o nome de Italianos. A perda de nossa independência política depois da jornada de Alcazarquivir, deu o título de reyes das Espanhas aos de Castela e o Aragão, título que conservaram ainda depois da gloriosa restauração de 1640. Mas espanhóis somos, de espanhóis nos devemos apreciar todos os que habitamos à Península Ibérica: Castelhanos nunca”

Estas palabras del escritor portugués Almeida Garret, en pleno siglo XIX, reflejan muy bien a lo que yo me quiero referir en esta entrada. La traducción al castellano es la siguiente:

“Ni una sola vez se hallará en nuestros escritores la palabra «español» designando exclusivamente al habitante de la Península no portugués. Mientras Castilla estuvo separada de Aragón y ya mucho después de unida, nosotros y las demás naciones de España, aragoneses, castellanos, portugueses, todos éramos, por extraños y propios, comúnmente llamados «españoles» así como aún hoy llamamos «alemán» al prusiano, sajón, hannoveriano, austríaco: así como el napolitano, el milanés, el veneciano y el piamontés reciben indistintamente el nombre de italianos. La pérdida de nuestra independencia política después de la jornada de Alcazarquivir, dio el título de reyes de las Españas a los de Castilla y Aragón, título que conservaron aún después de la gloriosa restauración de 1640. Pero españoles somos, de españoles nos debemos preciar todos los que habitamos la Península Ibérica: castellanos nunca”

En la actualidad usamos la palabra España para referirnos al Reino de España, es decir, al Estado español, condicionados por el nacionalismo de Estado surgido con el liberalismo. Pero lo cierto es que España o las Españas es un término que siempre ha hecho referencia a la Península Ibérica con independencia de las divisiones políticas que esta tuviera. España es un ámbito cultural común, por encima de las fronteras estatales que son cambiantes a lo largo de la historia. Debemos alejarnos de esa visión centralista y homogeneizadora de considerar España como un todo y de identificarla simplemente con el territorio que está bajo la jurisdicción de un Estado.


Una Historia y Geografía Comunes

El nacionalismo suele verse muy bien reflejado en el deporte y en los mapas del tiempo. Por eso si uno sintoniza la TV3 el mapa del tiempo muestra los Paisos Catalans, si sintoniza la ETB el mapa del tiempo muestra Euskal Herria… y si sintoniza cualquier televisión de ámbito estatal, el tiempo que se muestra es el del territorio bajo jurisdicción del Estado español, llegándose al absurdo de arrastrar a las Islas Canarias con un recuadro para que aparezcan… pero sin embargo sombrear Portugal. Lo cierto es que la Península Ibérica, delimitada por los Pirineos y rodeada por el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, constituye un mismo espacio geográfico y no tiene ningún sentido hacer esta división política.

De todas las asignaturas que se imparten en la enseñanza obligatoria (en la que el Estado pretende nacionalizar a la población y reproducir la lógica del sistema) quizás la más manipulada de todas sea Ciencias Sociales. La Geografía y la Historia han sido siempre las materias más manipuladas para justificar el presente. Por esa razón se estudia Historia de España comprendiendo sólo el territorio del Estado español, o la historia de cada Comunidad Autónoma, aunque algunas sean tan artificiales como la Comunidad de Madrid. El objetivo de todo nacionalismo es tratar de presentar la nación que dice defender como lo más antigua posible, para justificar proyectos políticos del presente en base al pasado. Pero lo cierto es que si lo miramos con objetividad, la Historia de Portugal ha ido siempre de la mano con la Historia del resto de España.

En la Antigüedad, el territorio de lo que hoy es Portugal estaba poblado por tribus celtas, galaicos en el norte y lusitanos en el sur… tribus que se extendían más allá de las actuales fronteras, pues la Gallæcia abarcaba la actual Galicia y el norte de Portugal y la Lusitania comprendía la mayor parte de Extremadura. Tenemos pues el mismo sustrato indígena y fuimos romanizados a la vez. La provincia romana de Hispania comprendía a toda la Península Ibérica y las Islas Baleares, es por eso que prefiero usar la palabra España (derivada de Hispania) para referirme a la Península en lugar de Iberia, puesto que los pueblos ibéricos ocupaban sólo una parte de la misma y, precisamente, la parte que hoy ocupa Portugal era una zona celta. Viriato, considerado héroe nacional en España, era precisamente lusitano.

En la Edad Media el Reino suevo ocupaba el territorio de la Gallæcia, es decir, actual norte de Portugal y Galicia, y el Reino visigodo ocupó toda la Península Ibérica. Lo que hoy es Portugal, que aún no existía como tal (como no existía Castilla, Cataluña, Aragón…) fue parte de la Hispania Gothorum igual que el resto del territorio peninsular. La Iglesia Católica en Hispania era la misma, tanto es así que el Arzobispo de Braga tenía, como el de Tarragona, la distinción de Primado de las Españas, que aún conserva a día de hoy.

Cuando empezó la Reconquista fue cuando se configuraron las diferentes etnias y naciones que hoy forman España, entre ellas Portugal. El condado portucalense, perteneciente al Reino de León, se convirtió en el Reino de Portugal con Alfonso I, dentro del contexto de las luchas feudales y repartos de las herencias propios del Medievo. No sería muy diferente, por ejemplo, a la separación del condado de Castilla del Reino de León, del condado de Aragón del Reino de Pamplona, o de los condados catalanes con respecto al Reino de los francos. Sin embargo la historia del Reino de Portugal fue paralela a la de los demás reinos hispánicos, se extendió al sur a costa del moro y participó en la Reconquista de la misma forma que los demás. Los portugueses combatieron en la decisiva batalla de las Navas de Tolosa, en la que el rey de Castilla Alfonso VIII arengó a todas las tropas de esta manera:

“Amigos, todos nosotros somos españoles, y los moros han entrado en nuestra tierra por la fuerza y nos la han conquistado, y los cristianos en esa ocasión estuvieron punto de ser exiliados y expulsados de ella”

Portugal estuvo presente en las políticas de alianzas matrimoniales de la dinastía Trastámara y en el proyecto de unificación peninsular. Cuando se produjo la unión de Castilla y Aragón, el rey Juan II de Portugal se quejaba de que fueran llamados reyes de las Españas los Reyes Católicos cuando él también era rey de España. Esta queja estuvo muy presente, incluso en el Tratado de Utrecht, cuando los portugueses protestaron porque se llamase Rey de España a Felipe V cuando no era rey de toda ella.

En la Modernidad nuestros caminos fueron aún más de la mano que en el Medievo. Ambos llegamos al Nuevo Mundo a la vez y levantamos en él un Imperio colonial llegando a producirse en 1580 la Unión Ibérica con Felipe II (que es Felipe I de Portugal), la cual no se rompería hasta la crisis de la Monarquía Hispánica en 1640. En los siglos XVI y XVII los navíos de la Casa de Austria enarbolaron la misma bandera, que bien podría emplearse como bandera nacional en caso de una feliz reunificación peninsular.

Incluso en el siglo XVIII, después de la separación política, los portugueses se consideraban a sí mismos y eran considerados por los extranjeros como españoles. Fue a raíz de la instauración de la nefasta Casa de Borbón en España cuando las diferencias empezaron a acusarse y se comenzó a implantar una homogenización sobre los territorios peninsulares que rompía la diversidad que siempre habían tenido. Se acabó con los fueros de la Corona de Aragón, se comenzó a llamar español a la lengua castellana y denostar a las otras lenguas españolas… pero incluso después de eso, los portugueses siguieron considerándose españoles y los intentos de reunificar la Península Ibérica fueron varios en los siglos XIX y XX.

Si en la Edad Media nuestra historia prácticamente no se puede dividir, en la Modernidad fuimos de la mano… esta dinámica no se rompe con la entrada en los tiempos contemporáneos. España y Portugal combatieron juntas a Napoleón y la Constitución de 1812 fue invocada en 1820 por los liberales portugueses, que usaban el ¡viva la Pepa! como un grito revolucionario. La independencia de las colonias americanas se produjo prácticamente a la vez y las luchas entre liberales y absolutistas fueron también paralelas (carlistas en España y miguelistas en Portugal). Cuando fue derrocada Isabel II, una de las opciones (boicoteada por otras potencias europeas, que veían con miedo la unión ibérica) fue darle la corona al rey de Portugal. El iberismo sería defendido por personas tan dispares como Emilio Castelar, Antonio Cánovas del Castillo, Juan Prim, Joan Maragall, Francisco Pi y Margall, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Francesc Cambó, Enric Prat de la Riba, Alfonso Castelao o Ramiro Ledesma Ramos a un lado de la Raya, y por Teófilo Braga, José Saramago, Oliveira Martins o Teixeira de Pascoaes entre otros, al otro lado de la raya.

En el siglo XX ambos fuimos neutrales en las dos Guerras Mundiales, acabamos con la monarquía casi a la vez (Portugal en 1910 y nosotros en 1931), sufrimos la dictadura de Salazar y Franco, de la que salimos también casi a la vez (ellos 1974 y nosotros 1975). Para el anarquismo no ha habido históricamente diferencias entre Portugal y el resto de España, como quedó demostrado en 1927 con la fundación de la Federación Anarquista Ibérica. Perdimos las últimas colonias en África también casi al mismo tiempo: Angola, Mozambique, Guinea, el Rif o el Sáhara, aunque de diferente manera. También entramos en la Unión Europea de la mano en 1986.

Lo que Ganaríamos Unidos

  En una época en la que lo que predomina es el separatismo, yo creo que la unión hace la fuerza. Una Península Ibérica unida en su diversidad nos aportaría mucho a todos, pero es esencial que dicha unión se produzca de manera correcta. Tal cosa es imposible que ocurra en la actualidad, en el marco de los Estados, pues lo que podría acabar pasando es que se convertiría Portugal en una colonia, lo cual evidentemente no aceptarían los portugueses ni es deseable para nadie. El mayor obstáculo para que la unión se produzca es precisamente el nacionalismo español de Estado. La mentalidad centralista y homogeneizadora que desde la llegada de los Borbones se implantó en España y que se agudizó aún más con el Estado liberal. Pero lo cierto es que Portugal, desde su separación de España, ha sido prácticamente un protectorado británico. En el contexto de las luchas entre el Imperio Español y el Imperio Británico, los portugueses fueron una pieza más en el tablero geopolítico, como lo fueron las colonias americanas.

  El problema como digo está más en este lado de la Raya que en Portugal. Vivimos totalmente de espaldas a ellos y eso debería cambiar si queremos la unidad. En Portugal es bastante común que aparezcan noticias de España en las noticias, aquí no nos acordamos de Portugal salvo cuando ocurre algo significativo allí. El portugués es una de las lenguas más habladas del mundo, que sin embargo en el resto de España obviamos totalmente mientras que ellos sí conocen el castellano. Portugal se separó definitivamente como condado de Castilla en época de Alfonso VI, razón por la cual el miedo a ser castellanizados ha estado siempre muy presente. En vista de que, desde el siglo XVIII, la visión de España ha sido tan castellanista por parte del poder central, es lógico que se ese miedo se acentúe. Esa visión de España centralista, castellana y homogeneizadora es la que ha provocado, entre otras cosas, la desafección de muchos catalanes y vascos… y lo que impide a día de hoy la unión con Portugal. Sólo cambiando esa visión de España, haciéndola plural, será posible un día la unión peninsular con la que tanto ganaríamos todos.