Renacimiento Gótico

Historia

La Formación de España I

Escrito por renacimientogotico 23-08-2015 en Historia. Comentarios (0)

Después de reflexionar sobre qué es Europa y qué entiendo yo por la identidad europea, conviene bajar la mirada hacia lo más cercano. Cómo se ha formado y qué entiendo yo cuando utilizo la palabra España, que nada tiene que ver con el Reino de España, el Estado mal llamado español. Por desgracia en la actualidad tenemos una imagen deformada de nuestra historia condicionada por el nacionalismo. Por una parte el nacionalismo de Estado procura presentar la imagen de una España eterna, Una, Grande y Libre, entendida como una unidad de destino en lo Universal. Por el contrario, los nacionalismos de determinadas regiones cuentan la historia a su manera para justificar la existencia milenaria de la nación vasca, catalana, gallega… ni que decir tiene que unos y otros mienten y manipulan. Dividiré este tema en dos entradas, explicando en la primera cómo se evoluciona hacia una matriz cultural común, y en la segunda cómo surgen las diferentes etnias hispanas. Este proceso es lo que se conoce como etnogénesis.

Los Pueblos Originarios

  Podemos agrupar todas las tribus indígenas de nuestra vieja piel de toro en dos grupos: iberos y celtas. La cultura ibérica se extiende por el levante y el sur y es una evolución de los pueblos que habitaban la península desde la Prehistoria. No adoptaron la lengua indoeuropea, como otros pueblos, sino que mantuvieron la suya. Por su posición geográfica tuvieron contacto con las colonias fenicias y griegas, siendo los griegos los que, por su conocimiento de los iberos, llamaron a esta tierra Iberia. Este contacto hizo que adoptaran un modo de vida más civilizado, estableciendo ciudades-Estado, lo cual hizo que fuese más fácil su asimilación primero por cartagineses y luego por los romanos.

Los celtas por su parte ocupaban el resto de la península y tenían costumbres similares al resto de pueblos célticos de Europa. Su lengua sí era de origen indoeuropeo y su modo de vida bastante más salvaje que el de los iberos. Esto provocó que fuese muy difícil someterlos y que presentaran una dura resistencia a Roma, que nunca llegó a dominarlos del todo, sobre todo en el norte. Caso especial es el de los vascones, pueblo ibérico pero que adoptó costumbres celtas por estar asentado cerca de los cántabros y otros pueblos célticos. En algunos lugares el contacto entre celtas e iberos fue muy estrecho, hablándose de celtíberos, pero lo cierto es que, hasta la dominación romana, serán pueblos bastante diferentes en todos los aspectos.

Hispanorromanos

  Cuando se produce la conquista romana de la península, llamada por ellos Hispania, se produjo un proceso que se conoce como Romanización. Los romanos tenían una sociedad estatal, urbana, que chocaba con la sociedad tribal y rural que había en Hispania antes de su llegada. Adoptaron dos estrategias para dominar este territorio e incorporarlo como una provincia a su Imperio. Por una parte, romanizaron a los jefes tribales. Muchos jefes ambiciosos vieron la conveniencia de tener como aliados a los romanos, por su poderío militar y su influencia, por lo que llegaron a pactos con ellos. Los hijos de estos reyezuelos y nobles servían como tropas auxiliares de las legiones romanas, aprendiendo el latín y los usos militares de Roma. Así mismo, las élites eran educadas en los usos civilizados hasta que la aristocracia poco a poco se fue pareciendo cada vez más a los romanos. También se produjeron alianzas matrimoniales entre los romanos y príncipes indígenas, por lo que poco a poco la nobleza local fue asimilada por la romana. Por imitación de sus élites, el pueblo poco a poco fue romanizándose. Este proceso resultó más fácil entre los iberos, con un modo de vida más parecido, que entre los celtas.

Cuando esta aculturación no era posible, los romanos recurrían a la guerra y al miedo a la población local. Derrotaban militarmente al enemigo y establecían colonias en medio de su territorio. Construían vías romanas y exigían tributos a las comunidades rurales a punta de espada. Por las buenas o por las malas, por interés o por miedo, los jefes indígenas iban adoptando los usos romanos… o eran sustituidos por otros jefes más proclives a la romanización, pues Roma solía instigar a las traiciones y revueltas entre sus enemigos, mediante sobornos o mediante promesas a caudillos ambiciosos. Este proceso fue el que predominó entre los celtas, teniendo Roma que establecer grandes contingentes militares en el norte peninsular. El mundo romano era esencialmente urbano, frente al campo que siempre fue bárbaro. Así mismo, cuando surge el cristianismo esta será la religión de Roma, urbana y civilizada, frente al mundo pagano que seguirá rezando a los viejos dioses. Después de ocho siglos, la población indígena de Hispania, como en otras provincias, se fue fundiendo con los latinos hasta el punto de que podemos hablar de hispanorromanos, como un mismo pueblo.

Hispania Gothorum

  Cuando el Imperio Romano entró en decadencia se produjeron las invasiones germánicas. En Europa Occidental, las modernas naciones son el fruto de esta fusión del elemento germánico con la población celta y latina. Los pueblos germánicos estaban cristianizándose y romanizándose cuando entran en el Imperio, por lo que aunque hablaban el latín vulgar y formalmente eran cristianos, lo cierto es que las capas populares aún conservaban sus costumbres anteriores. En el caso de Hispania, los pueblos que ocuparon nuestro solar fueron los suevos, vándalos y alanos. Los vándalos tuvieron cierta importancia, llegando a fundar un reino en el sur (más o menos lo que hoy es Andalucía), y los suevos se establecieron en la Gallaecia, la provincia que abarca la actual Galicia y el norte de Portugal. Pero sin duda el pueblo más importante fueron los visigodos, que entraron como aliados de Roma para pacificar la península, y acabaron fundando su propio reino en Hispania.

  Los visigodos eran formalmente cristianos, pero no católicos, sino arrianos. Esto hizo que hubiese una división inicial entre hispanorromanos y visigodos. Las tribus indómitas del norte siguieron prácticamente fuera del control del Estado godo, como lo habían estado del Estado romano anterior. Se produjo una alianza entre las élites godas y las romanas, entre los caudillos guerreros y la Iglesia, sucesora del Imperio. El rey Leovigildo unificó territorialmente toda Hispania y cuando los visigodos adoptaron la religión católica y se estableció un mismo código legal para godos y para hispanorromanos, se inició el proceso de fusión de ambos pueblos. En el año 711, cuando se produce la invasión musulmana, ya podemos hablar de hispanogodos como un mismo grupo étnico.

En las ciudades importantes, como Toledo, Barcelona, Córdoba, Sevilla… el cristianismo tenía mucha fuerza, pero en el campo era meramente superficial. La mayoría de los godos se asentaron en zonas rurales de la meseta, en lo que había sido la Celtiberia, por lo que sus costumbres se mezclaron con las de sus primos celtas y permanecieron bajo un barniz cristiano. Con la invasión musulmana del 711 la fusión entre hispanorromanos y visigodos fue ya total, pues ambos eran la población hispana conquistada y cristiana. Muchos de ellos emigraron al norte donde se produjo la fusión entre hispanogodos y los pueblos célticos de la que se derivan las diferentes etnias hispanas, como veremos en la próxima entrada.


Mater Europa III: ¿Es Europa la Cristiandad?

Escrito por renacimientogotico 18-08-2015 en Historia. Comentarios (0)

En la entrada anterior hablaba sobre como la aparición del Estado y la formación del Imperio Romano supuso el primer cambio sustancial en la sociedad europea. Sin duda el siguiente acontecimiento decisivo que marcó un antes y un después en la historia del pueblo europeo fue la aparición del cristianismo.

El Imperio Romano, como cualquier Imperio, es universalista, aunque la civilización que lo construyó fuese europea. La propia idea de civilización frente a barbarie, la prepotencia y superioridad de un mundo, el urbano y civilizado, organizado de forma estatal, frente al tribal y rural de los bárbaros era lo que justificaba la destrucción de los vecinos. La influencia oriental fue cada vez mayor, sobre todo en la parte oriental (más próxima a Asia) del Imperio, que estaba mucho más urbanizado. En la parte occidental, los romanos se establecieron en colonias en medio del territorio bárbaro, para romanizarlos poco a poco, bien por la fuerza, bien por la aculturación de los líderes, que veían en Roma un aliado para su ambición.

  Entre otras influencias orientales, se produjo la paulatina asimilación de cultos asiáticos y de divinidades orientales. En el plano religioso, hubo una deriva hacia las religiones mistéricas propias de Oriente en un momento de decadencia total del Imperio, así como una tendencia hacia el monoteísmo para tratar de reforzar el poder del Estado cada vez más. En ese contexto, aparece el cristianismo. Sin entrar en la historia del cristianismo y de cómo se produjo la cristianización, lo cierto es que en siglo III se había expandido por todo el Imperio y que acabó siendo la religión oficial del Estado.

  El cristianismo tenía su origen en una secta judía, pero adoptó usos y formas propias de la religión grecolatina. Al convertirse en la religión oficial del Estado se asoció a los valores del mismo, es decir, a lo civilizado, a la sociedad urbana. En el campo (en latín, pagus) la gente seguía creyendo en sus viejos dioses y fueron mirados con desprecio, como bárbaros ignorantes, como paganos frente a los civilizados cristianos de la ciudad. Se produjo la mayor persecución y el mayor genocidio de la historia de Europa para construir la Cristiandad.

  Con la caída del Imperio occidental, la Cristiandad se dividió en la Cristiandad latina en Occidente, con la Iglesia católica como sucesora de la estructura del Estado, en un mundo que no era tan urbano, con un sustrato celta, sobre el que se habían asentado las tribus germánicas formando los Reinos medievales; frente a la Cristiandad ortodoxa en Oriente, con el griego como lengua en lugar del latín y con una base más urbana. Los misioneros de uno y otro lado cristianizaron a los pueblos eslavos y germanos, y cuando la aculturación falló, se produjo el genocidio, como el que hizo Carlomagno con los sajones o el Imperio Bizantino con los búlgaros.

  La Cristiandad medieval era algo así como la Comunidad Internacional o el Mercado Común Europeo de nuestros días. Los pueblos que quedaban fuera de ella eran marginados y no podían comerciar, además de ser considerados bárbaros y salvajes frente a los cristianos. Tal sería el caso de los escandinavos, los eslavos o los bálticos durante la Edad Media. La ambición de reyes y príncipes para dominar a sus pueblos, para acabar con la sociedad tribal y establecer un Estado, fue lo que llevó a que adoptaran el cristianismo como religión y persiguieran la vieja fe. Lo cierto es que la Cristiandad acabó comprendiendo toda Europa, lo cual lleva a muchos llamados identitarios a identificarla con Europa.

  En mi opinión tal cosa es absurda. En primer lugar porque el cristianismo no es una religión europea, es más bien un barniz judío que cubre la religión europea. Claro que la mayoría de cristianos de hoy se sienten europeos y consideran esta religión como la tradicional, pues lleva 1600 años implantada en Europa. Pero lo cierto es que aunque ciertos valores y usos cristianos nos resulten nuestros, eso no significa que el cristianismo sea una religión europea, sino más bien que el cristianismo ha copiado y deformado nuestra espiritualidad tradicional.

  En segundo lugar, la Cristiandad es universalista, no es europea. Países sudamericanos que fueron conquistados, colonizados y cristianizados por europeos, pero cuya población étnicamente no es europea, se consideran parte de la Cristiandad. También los cristianos sirios, árabes, coptos, etíopes, coreanos, chinos… pero no se consideraban parte de ella, obviamente, los pueblos europeos fieles a sus viejos dioses. Tanto es así, que la Orden Teutónica y el Papado declararon una Cruzada contra los lituanos por ser paganos. La Cristiandad tampoco abarcaría a los europeos que sean ateos, agnósticos… o herejes, de hecho se declaró también una cruzada contra los cátaros en la Occitania. Ni tampoco a los que, por circunstancias, habían abrazado el islam, como los muladíes en al-Ándalus, hispanos pero conversos al islam.

  Es por ello que, pese al sentimiento de unidad espiritual de los europeos asociado en la Cristiandad, lo cierto es que dicha unidad, como he explicado anteriormente, no se fundamenta en la fe cristiana, sino que es una unidad ancestral que tiene miles de años. La Cristiandad no es Europa, nunca lo ha sido y nunca lo será. Aunque los cristianos europeos sean hermanos de sangre, si luchan por la Cristiandad no luchan por Europa. Evidentemente ellos no tienen la culpa de los genocidios y persecuciones que ha hecho la Iglesia, no son enemigos, pero en ningún caso podemos identificarnos con la Cristiandad. Por eso es tan absurdo que movimientos ultranacionalistas como el fascismo o el nacional socialismo se consideren identitarios y europeístas cuando son esencialmente cristianos y por lo tanto universalistas. Por otra parte es lógico que lo hagan, pues si defienden un Estado totalitario, una religión totalitaria se adecua perfectamente a su propósito.


Mater Europa II: Estado e Imperio

Escrito por renacimientogotico 10-08-2015 en Historia. Comentarios (0)

En la entrada anterior hablaba sobre la sociedad europea tribal y comunitaria anterior al nacimiento del Estado. Cuando aparecen las estructuras de dominación estatales se producirán cambios fundamentales en los pueblos europeos.

La religión y los usos europeos se vieron influenciados en el sur de Europa por los de Oriente, por eso es en la isla de Creta donde nace el primer Estado, la civilización minoica. El modo de vida urbano, el establecimiento de castas sobre una sociedad que antes era igualitaria, el desarraigo de la naturaleza y las profundas diferencias sociales fruto de la dominación de la casta sacerdotal y guerrera sobre el resto de la población fue la consecuencia de copiar los usos de Mesopotamia y Egipto, totalmente ajenos a Europa. La civilización micénica sucedió a la minoica pero colapsó y se produjo un acontecimiento único en la historia, una sociedad estatal restauró los usos anteriores y abolió el Estado. Es lo que se conoce como la Edad Oscura en la historia de Grecia, que conocemos por los poemas homéricos.

  Sin embargo, con el paso del tiempo las poleis griegas evolucionaron hacia ciudades-Estado, al modo oriental. Solo permaneció la fachada de la polis, como comunidad política, pero en la práctica se convirtieron en Estados. La monarquía degeneró en tiranía, la aristocracia en oligarquía y la democracia en demagogia. Se implantó la esclavitud y, aunque en el aspecto religioso no se adoptó la teocracia propia de Oriente, cuando con el paso del tiempo la cultura helénica se proyectó de manera imperial fuera de Grecia, la deriva hacia la divinización de los gobernantes como Alejandro Magno fue inevitable. De la fusión de la cultura helénica en el sur de Italia con los latinos y etruscos nació la cultura romana, que finalmente implantaría un Imperio con pretensiones universalistas.

  El Imperio Romano fue todo lo contrario a lo que había sido la tradición europea tribal, libre y comunitaria. Se produjo un choque entre los pueblos del norte, como celtas y germanos, y los del sur que estaban contaminados por los usos orientales. En el aspecto religioso, la religión grecolatina se convirtió en una religión estatal, propia de una sociedad urbana, con una casta sacerdotal muy jerarquizada y con una tendencia, cada vez mayor, hacia el monoteísmo. Es por eso que existe una mayor diferencia entre la religión griega y romana con la religión germana, celta, eslava o báltica, aun teniendo todas ellas un origen común y siendo europeas.

 

Mater Europa I: Era Ancestral

Escrito por renacimientogotico 09-08-2015 en Historia. Comentarios (0)

En la entrada anterior presentaba mi pensamiento y anunciaba como voy a enfocar el blog a partir de ahora. Creo que lo primero que hace una persona, generalmente en la adolescencia, cuando siente que la sociedad en la que vive le chirría, es buscar su propia identidad. En ocasiones lo consigue y en otras se pierde por el camino, lo cual es bastante fácil que ocurra porque hoy en día nuestros jóvenes se ven bombardeados por tantas cosas que más de uno pareciera que quiere adquirir su identidad a la carta, como un producto más. Sin embargo, buscar la propia identidad es algo normal cuando dicha identidad está, como es el caso, solapada y aplastada en medio de este mundo global y homogeneizador. Muchos admiran otras culturas y su sentido de identidad y cometen el error de copiarlas en lugar de bucear en la suya propia hasta encontrar esos valores. Buscar la identidad es buscar los orígenes, buscar quiénes somos y de dónde venimos, la eterna pregunta que el hombre se ha hecho desde siempre. Buscar a los ancestros, volver a casa… como un niño que pierde a su madre y la busca. Veamos pues, antes de hablar de cualquier otro tema, cuál es la identidad que tenemos ¿Cómo es la Madre Europa? Para ser más claro, dividiré este tema en cuatro partes, siendo esta entrada la primera de ellas.

Era Ancestral

Hoy en día cuando decimos la palabra “Europa” solemos reducirlo a una mera descripción geográfica o, peor aún, la asociamos con la nefasta y liberal Unión Europea, que de europea tiene poco y sí mucho de instrumento al servicio del Nuevo Orden Mundial para someter a los europeos. Lo cierto es que nuestra cultura tiene miles de años, al menos podemos situarla en el año 40000 BP. Desde la Edad de Piedra, las diferentes tribus que se extendían desde el valle del río Indo hasta la Península Ibérica compartían una cultura similar y un sistema de creencias parecido, basado en el animismo. Una de esas tribus, que hoy llamamos indoeuropeos, extendió su influencia cultural y su lengua por el resto de tribus en el IV Milenio antes de la Era Común. Por eso la mayoría de las lenguas europeas están hoy en día emparentadas, pero las lenguas europeas que no proceden del indoeuropeo, como el ibero, el euskera, el estonio, el etrusco, el finés… son igualmente europeas, sencillamente evolucionan de lenguas habladas por tribus que, por la circunstancia que sea, no adoptaron la lengua indoeuropea.

Sea como fuere, ese proceso de aculturación se dio en prácticamente toda Europa y supuso una serie de cambios religiosos, políticos, sociales, económicos y en todos los órdenes, que sólo conocemos vagamente por la arqueología. Es lo que identificamos con el paso de la Edad de Piedra a la Edad de los Metales. Con el paso del tiempo, estas tribus se fueron dividiendo en celtas, germanos, micénicos, dacios, eslavos… pero la frontera entre unas y otras no estaba muy definida y las migraciones e invasiones de estos pueblos fueron constantes. Por ejemplo los dorios, una tribu celta, se fundieron con los micénicos dando lugar a la cultura helénica. En otros casos, la diferencia era prácticamente sólo lingüística, como en el caso de los belgas, considerados galos por su lengua (por lo tanto, celtas), pero con costumbres más parecidas a las sus vecinos germanos.

Todos estos pueblos tenían una cosmovisión parecida, hasta el punto que podemos hablar de una religión nativa europea que tiene varias expresiones o, en algunos casos, simples diferencias lingüísticas. Socialmente se organizaban en clanes y tribus, vivían en un ámbito rural, muy cercanos a la naturaleza y compartían un sistema de valores muy similar. Políticamente hablando, eran hombres libres, que elegían a sus jefes entre sus iguales, teniendo todos voz y voto en una asamblea que aprobaba las normas de la Comunidad y servía para impartir justicia, teniendo también un consejo de ancianos o de sabios que actuaba de freno a la asamblea y del que se elegía a los jefes, por ser los miembros más importantes de la Comunidad. Ese es el origen de la nación europea. Si tuviéramos que representarla con un símbolo no sería la artificial bandera de la UE, sino la Cruz Solar, símbolo que se remonta a la Edad del Bronce y que fue usado por todas las tribus europeas.