Renacimiento Gótico

Portugal es España

“Nem uma só vez se achará em nossos escritores a palavra «espanhol» designando exclusivamente ao habitante da Península não português. Enquanto Castela esteve separada do Aragão e já muito depois que unida, nós e as demais nações da Espanha, Aragoneses, Castelhanos, Portugueses, todos éramos, por estranhos e próprios, comumente chamados «espanhóis» assim como ainda hoje chamamos «alemão» ao Prussiano, Saxão, Hannoveriano, Austríaco: assim como o Napolitano, o Milanês, o Veneziano e o Piamontês recebem indistintamente o nome de Italianos. A perda de nossa independência política depois da jornada de Alcazarquivir, deu o título de reyes das Espanhas aos de Castela e o Aragão, título que conservaram ainda depois da gloriosa restauração de 1640. Mas espanhóis somos, de espanhóis nos devemos apreciar todos os que habitamos à Península Ibérica: Castelhanos nunca”

Estas palabras del escritor portugués Almeida Garret, en pleno siglo XIX, reflejan muy bien a lo que yo me quiero referir en esta entrada. La traducción al castellano es la siguiente:

“Ni una sola vez se hallará en nuestros escritores la palabra «español» designando exclusivamente al habitante de la Península no portugués. Mientras Castilla estuvo separada de Aragón y ya mucho después de unida, nosotros y las demás naciones de España, aragoneses, castellanos, portugueses, todos éramos, por extraños y propios, comúnmente llamados «españoles» así como aún hoy llamamos «alemán» al prusiano, sajón, hannoveriano, austríaco: así como el napolitano, el milanés, el veneciano y el piamontés reciben indistintamente el nombre de italianos. La pérdida de nuestra independencia política después de la jornada de Alcazarquivir, dio el título de reyes de las Españas a los de Castilla y Aragón, título que conservaron aún después de la gloriosa restauración de 1640. Pero españoles somos, de españoles nos debemos preciar todos los que habitamos la Península Ibérica: castellanos nunca”

En la actualidad usamos la palabra España para referirnos al Reino de España, es decir, al Estado español, condicionados por el nacionalismo de Estado surgido con el liberalismo. Pero lo cierto es que España o las Españas es un término que siempre ha hecho referencia a la Península Ibérica con independencia de las divisiones políticas que esta tuviera. España es un ámbito cultural común, por encima de las fronteras estatales que son cambiantes a lo largo de la historia. Debemos alejarnos de esa visión centralista y homogeneizadora de considerar España como un todo y de identificarla simplemente con el territorio que está bajo la jurisdicción de un Estado.


Una Historia y Geografía Comunes

El nacionalismo suele verse muy bien reflejado en el deporte y en los mapas del tiempo. Por eso si uno sintoniza la TV3 el mapa del tiempo muestra los Paisos Catalans, si sintoniza la ETB el mapa del tiempo muestra Euskal Herria… y si sintoniza cualquier televisión de ámbito estatal, el tiempo que se muestra es el del territorio bajo jurisdicción del Estado español, llegándose al absurdo de arrastrar a las Islas Canarias con un recuadro para que aparezcan… pero sin embargo sombrear Portugal. Lo cierto es que la Península Ibérica, delimitada por los Pirineos y rodeada por el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, constituye un mismo espacio geográfico y no tiene ningún sentido hacer esta división política.

De todas las asignaturas que se imparten en la enseñanza obligatoria (en la que el Estado pretende nacionalizar a la población y reproducir la lógica del sistema) quizás la más manipulada de todas sea Ciencias Sociales. La Geografía y la Historia han sido siempre las materias más manipuladas para justificar el presente. Por esa razón se estudia Historia de España comprendiendo sólo el territorio del Estado español, o la historia de cada Comunidad Autónoma, aunque algunas sean tan artificiales como la Comunidad de Madrid. El objetivo de todo nacionalismo es tratar de presentar la nación que dice defender como lo más antigua posible, para justificar proyectos políticos del presente en base al pasado. Pero lo cierto es que si lo miramos con objetividad, la Historia de Portugal ha ido siempre de la mano con la Historia del resto de España.

En la Antigüedad, el territorio de lo que hoy es Portugal estaba poblado por tribus celtas, galaicos en el norte y lusitanos en el sur… tribus que se extendían más allá de las actuales fronteras, pues la Gallæcia abarcaba la actual Galicia y el norte de Portugal y la Lusitania comprendía la mayor parte de Extremadura. Tenemos pues el mismo sustrato indígena y fuimos romanizados a la vez. La provincia romana de Hispania comprendía a toda la Península Ibérica y las Islas Baleares, es por eso que prefiero usar la palabra España (derivada de Hispania) para referirme a la Península en lugar de Iberia, puesto que los pueblos ibéricos ocupaban sólo una parte de la misma y, precisamente, la parte que hoy ocupa Portugal era una zona celta. Viriato, considerado héroe nacional en España, era precisamente lusitano.

En la Edad Media el Reino suevo ocupaba el territorio de la Gallæcia, es decir, actual norte de Portugal y Galicia, y el Reino visigodo ocupó toda la Península Ibérica. Lo que hoy es Portugal, que aún no existía como tal (como no existía Castilla, Cataluña, Aragón…) fue parte de la Hispania Gothorum igual que el resto del territorio peninsular. La Iglesia Católica en Hispania era la misma, tanto es así que el Arzobispo de Braga tenía, como el de Tarragona, la distinción de Primado de las Españas, que aún conserva a día de hoy.

Cuando empezó la Reconquista fue cuando se configuraron las diferentes etnias y naciones que hoy forman España, entre ellas Portugal. El condado portucalense, perteneciente al Reino de León, se convirtió en el Reino de Portugal con Alfonso I, dentro del contexto de las luchas feudales y repartos de las herencias propios del Medievo. No sería muy diferente, por ejemplo, a la separación del condado de Castilla del Reino de León, del condado de Aragón del Reino de Pamplona, o de los condados catalanes con respecto al Reino de los francos. Sin embargo la historia del Reino de Portugal fue paralela a la de los demás reinos hispánicos, se extendió al sur a costa del moro y participó en la Reconquista de la misma forma que los demás. Los portugueses combatieron en la decisiva batalla de las Navas de Tolosa, en la que el rey de Castilla Alfonso VIII arengó a todas las tropas de esta manera:

“Amigos, todos nosotros somos españoles, y los moros han entrado en nuestra tierra por la fuerza y nos la han conquistado, y los cristianos en esa ocasión estuvieron punto de ser exiliados y expulsados de ella”

Portugal estuvo presente en las políticas de alianzas matrimoniales de la dinastía Trastámara y en el proyecto de unificación peninsular. Cuando se produjo la unión de Castilla y Aragón, el rey Juan II de Portugal se quejaba de que fueran llamados reyes de las Españas los Reyes Católicos cuando él también era rey de España. Esta queja estuvo muy presente, incluso en el Tratado de Utrecht, cuando los portugueses protestaron porque se llamase Rey de España a Felipe V cuando no era rey de toda ella.

En la Modernidad nuestros caminos fueron aún más de la mano que en el Medievo. Ambos llegamos al Nuevo Mundo a la vez y levantamos en él un Imperio colonial llegando a producirse en 1580 la Unión Ibérica con Felipe II (que es Felipe I de Portugal), la cual no se rompería hasta la crisis de la Monarquía Hispánica en 1640. En los siglos XVI y XVII los navíos de la Casa de Austria enarbolaron la misma bandera, que bien podría emplearse como bandera nacional en caso de una feliz reunificación peninsular.

Incluso en el siglo XVIII, después de la separación política, los portugueses se consideraban a sí mismos y eran considerados por los extranjeros como españoles. Fue a raíz de la instauración de la nefasta Casa de Borbón en España cuando las diferencias empezaron a acusarse y se comenzó a implantar una homogenización sobre los territorios peninsulares que rompía la diversidad que siempre habían tenido. Se acabó con los fueros de la Corona de Aragón, se comenzó a llamar español a la lengua castellana y denostar a las otras lenguas españolas… pero incluso después de eso, los portugueses siguieron considerándose españoles y los intentos de reunificar la Península Ibérica fueron varios en los siglos XIX y XX.

Si en la Edad Media nuestra historia prácticamente no se puede dividir, en la Modernidad fuimos de la mano… esta dinámica no se rompe con la entrada en los tiempos contemporáneos. España y Portugal combatieron juntas a Napoleón y la Constitución de 1812 fue invocada en 1820 por los liberales portugueses, que usaban el ¡viva la Pepa! como un grito revolucionario. La independencia de las colonias americanas se produjo prácticamente a la vez y las luchas entre liberales y absolutistas fueron también paralelas (carlistas en España y miguelistas en Portugal). Cuando fue derrocada Isabel II, una de las opciones (boicoteada por otras potencias europeas, que veían con miedo la unión ibérica) fue darle la corona al rey de Portugal. El iberismo sería defendido por personas tan dispares como Emilio Castelar, Antonio Cánovas del Castillo, Juan Prim, Joan Maragall, Francisco Pi y Margall, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Francesc Cambó, Enric Prat de la Riba, Alfonso Castelao o Ramiro Ledesma Ramos a un lado de la Raya, y por Teófilo Braga, José Saramago, Oliveira Martins o Teixeira de Pascoaes entre otros, al otro lado de la raya.

En el siglo XX ambos fuimos neutrales en las dos Guerras Mundiales, acabamos con la monarquía casi a la vez (Portugal en 1910 y nosotros en 1931), sufrimos la dictadura de Salazar y Franco, de la que salimos también casi a la vez (ellos 1974 y nosotros 1975). Para el anarquismo no ha habido históricamente diferencias entre Portugal y el resto de España, como quedó demostrado en 1927 con la fundación de la Federación Anarquista Ibérica. Perdimos las últimas colonias en África también casi al mismo tiempo: Angola, Mozambique, Guinea, el Rif o el Sáhara, aunque de diferente manera. También entramos en la Unión Europea de la mano en 1986.

Lo que Ganaríamos Unidos

  En una época en la que lo que predomina es el separatismo, yo creo que la unión hace la fuerza. Una Península Ibérica unida en su diversidad nos aportaría mucho a todos, pero es esencial que dicha unión se produzca de manera correcta. Tal cosa es imposible que ocurra en la actualidad, en el marco de los Estados, pues lo que podría acabar pasando es que se convertiría Portugal en una colonia, lo cual evidentemente no aceptarían los portugueses ni es deseable para nadie. El mayor obstáculo para que la unión se produzca es precisamente el nacionalismo español de Estado. La mentalidad centralista y homogeneizadora que desde la llegada de los Borbones se implantó en España y que se agudizó aún más con el Estado liberal. Pero lo cierto es que Portugal, desde su separación de España, ha sido prácticamente un protectorado británico. En el contexto de las luchas entre el Imperio Español y el Imperio Británico, los portugueses fueron una pieza más en el tablero geopolítico, como lo fueron las colonias americanas.

  El problema como digo está más en este lado de la Raya que en Portugal. Vivimos totalmente de espaldas a ellos y eso debería cambiar si queremos la unidad. En Portugal es bastante común que aparezcan noticias de España en las noticias, aquí no nos acordamos de Portugal salvo cuando ocurre algo significativo allí. El portugués es una de las lenguas más habladas del mundo, que sin embargo en el resto de España obviamos totalmente mientras que ellos sí conocen el castellano. Portugal se separó definitivamente como condado de Castilla en época de Alfonso VI, razón por la cual el miedo a ser castellanizados ha estado siempre muy presente. En vista de que, desde el siglo XVIII, la visión de España ha sido tan castellanista por parte del poder central, es lógico que se ese miedo se acentúe. Esa visión de España centralista, castellana y homogeneizadora es la que ha provocado, entre otras cosas, la desafección de muchos catalanes y vascos… y lo que impide a día de hoy la unión con Portugal. Sólo cambiando esa visión de España, haciéndola plural, será posible un día la unión peninsular con la que tanto ganaríamos todos.


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