Renacimiento Gótico

Los Seres de los Nueve Mundos V: Los Seguidores

En la entrada anterior hablaba de que, en ocasiones, cuando una mujer muere su espíritu permanece junto a su familia, cuidándola como hizo en vida. Sin embargo, esto no solo ocurre con las Matronas, todos tenemos un espíritu protector o guardián, incluso podemos tener varios.

Cuando nacemos el espíritu de algún familiar nos acompaña para protegernos. Esto ha sido cristianizado como el ángel de la guarda, pero es un concepto que está presente en la espiritualidad europea desde mucho antes de la llegada del cristianismo. Los romanos lo llamaban el genio protector, en nuestra tradición recibe el nombre de fylgja, que puede traducirse como “seguidor”. Suele manifestarse como un animal cuyas características se parecen a la persona a la que acompaña.

Cuando morimos, nuestra fylgja es la encargada de guiarnos para que vayamos al lugar que nos corresponde. Fortalecemos a nuestra fylgja cuando actuamos de manera honorable y en cambio esta es más débil cuando no lo hacemos. En la Era Ancestral se consideraba que cuando un cazador cobraba su primera pieza, el espíritu de ese animal quedaba ligado al suyo y le protegería, pues le había derrotado. Así mismo, guerreros como los berserkers o los ulfhendars podían entrar en trance y ser poseídos por el espíritu del oso o del lobo cuando entraban en combate. Al igual que una persona tiene su propio Seguidor, su espíritu protector, un clan o una familia también tiene el suyo, que recibe el nombre de kinfylgja.

Como entidad viva que es, una tribu o una nación también tiene su propio espíritu protector. Es lo que la teología cristiana identifica con los ángeles Principados, que custodian a las naciones e incluso luchan por ellas en las batallas. A menudo se asocian con santos patrones para que sea más fácil de identificar por la gente (como Santiago Matamoros en el caso de España). En el Romanticismo alemán se habla del Volksgeist, el Espíritu del Pueblo, que hace referencia a esta misma realidad.

Santiago y cierra España

Lo cierto es que, pese al barniz cristiano, los espíritus tutelares de las personas, los clanes y las naciones, han seguido velando por nosotros. Son el alma de nuestros antepasados que sigue a nuestro lado. Los mitos jacobeos en España responden a una doble intención, por un lado tratar de tapar una de las rutas de peregrinación más importante del mundo celta, como era el Camino de las Estrellas (campus estelæ, Compostela) hacia el Fin de la Tierra (Finisterra) por donde se marchaban los muertos. Estableciendo un centro de peregrinación cristiano (la tumba del Apóstol Santiago) se trataba de cristianizar esta ruta de peregrinación. Por otro lado, el culto al dios del trueno Taranis era muy importante en la Gallæcia, por lo que implantar a Santiago el Mayor como patrón de Galicia y de España pretendía también sustituir esta devoción pagana popular. Por eso se considera “hijo del Trueno” a Santiago el Mayor.

Lo cierto es que Taranis, que significa en la lengua celta “el Atronador”, de la raíz taran (trueno) que es la misma que þunraz (trueno en protogermánico), de donde deriva el nombre del dios Thor, es el verdadero origen del mito jacobeo en España. Del mismo modo que el Dios del Trueno nos protege de los Devoradores, nos ha protegido como pueblo en los últimos siglos, aunque en las últimas generaciones se le asociase a un santo cristiano.


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