Renacimiento Gótico

Los Seres de los Nueve Mundos II: Los Dioses

En la entrada anterior hablaba de los Devoradores o Gigantes, fuerzas primigenias de la naturaleza, caóticas y destructoras. Expliqué también por qué en el odinismo no se les rinde culto, lo cual no significa que sean malignas (el concepto de Bien y Mal es propio de las religiones del Próximo Oriente, como el cristianismo). En nuestra cosmovisión, la antítesis no es entre el Bien y el Mal, sino entre el Orden y el Caos. Las fuerzas del orden, a las que sí se les rinde culto, son los Dioses.

Lo primero que tenemos que entender es qué es un Dios o una Diosa, puesto que por influencia del monoteísmo abrahámico, la gente tiene una idea interiorizada de la Divinidad como un ser todopoderoso, omnipresente y al que hay que obedecer y temer por miedo al castigo. Nada de eso encaja con el concepto de la Divinidad que tiene el Odinismo y en general las religiones nativas europeas.

Los Dioses (en nórdico antiguo, Guðin) son, a mi parecer, una unión de tres cosas. Por una parte, son una representación antropomórfica de los Poderes Sagrados de la naturaleza. Esto se produce porque, para la comprensión humana, es más fácil canalizar la energía hacia una figura similar a nosotros que hacia algo abstracto. Cuando el ser humano es consciente de que todo lo que le rodea tiene una realidad que va más allá del plano material, representa a estos espíritus primero de forma zoomorfa (como animales) y posteriormente con forma humana. Nosotros tendríamos la misma esencia divina que estos Poderes Sagrados, pero la diferencia radica en el tamaño. Por ejemplo, nosotros tenemos un sistema nervioso que funciona con impulsos eléctricos, pero eso es insignificante en comparación con la energía desatada en una tormenta o con el campo electromagnético de la Tierra.

Por otra parte, los Dioses serían nuestros antepasados, descendemos de ellos. Cuando una persona muere, sus descendientes cuentan sus hazañas y todo lo que hizo en vida. Estos a su vez, transmiten a sus descendientes lo que sus antepasados les transmitieron y con el paso de las generaciones, la historia se convierte en leyenda y la leyenda en mito. Las historias comienzan a mezclarse y, a lo largo de miles de años, solo se tiene una referencia lejana de los antepasados más remotos, pero sus hazañas han sido transmitidas y nos llegan mediante las leyendas y los mitos. Así pues, estamos ligados con los Dioses por lazos de sangre.

En tercer lugar, como cada generación transmite de forma oral las historias de sus antepasados, en cada momento se hace hincapié en aquellos valores que son importantes para esa generación. De esta forma los Dioses son figuras arquetípicas que transmiten los valores y la mentalidad del pueblo que los ha ido construyendo. Los antepasados y sus hazañas, convertidas en mitos, los valores arquetípicos del pueblo y los Poderes Sagrados de la naturaleza, fueron asociándose hasta configurar los diferentes Dioses. Es por esto que cada pueblo tiene los suyos, porque cada pueblo tiene unos valores y unos antepasados diferentes. Por ello, la idea de una religión universal no tiene sentido.

Los dioses, que representan las fuerzas del orden cósmico frente al caos, en nuestra tradición se dividen en dos razas: los Vanir y los Æsir.

Vanir

Los dioses Vanir son los dioses de la Tierra y de los ciclos naturales. Son los más antiguos, pues se les rinde culto desde la Edad de Piedra. El reino de los Vanir es el Vanaheim. Los Vanir son dioses de la fertilidad, de las cosechas y tienen mucho que ver con la agricultura y la reproducción. La magia Seiðr también es propia de los Vanir, en particular de la diosa Freyja. Todos los Vanir son hijos de Nerthus, la Diosa Madre Tierra. Con el tiempo esta Divinidad derivó a Jørd, la Diosa Madre de la Tierra, y a Njørd, el Dios Padre del Mar, considerado como el Padre de los Vanir.

Los elfos (álfar en nórdico antiguo) son otros espíritus de la naturaleza que a menudo se asocian a los Vanir, pero se trata de espíritus menores. El dios Freyr, hijo de Njørd, es el Señor de los Elfos y el dios tutelar de los bosques, la fertilidad y la reproducción. Su hermana gemela, Freyja, es la diosa del amor, el deseo sexual y la pasión y también de la magia Seiðr, que es eminentemente femenina.

Æsir

  Si los Vanir son dioses asociados a la Tierra, los Æsir son dioses asociados con el Cielo y con los fenómenos atmosféricos. Son dioses de la guerra y representan conceptos abstractos. Comenzaron a ser adorados en la Edad de los Metales, cuando se produjo un cambio importante en la mentalidad del Pueblo Europeo. Antes de eso, su papel era de menor importancia con respecto a los Vanir. La morada de los Æsir es el mítico reino de Asgard.

  La figura del Dios Padre Celestial es común a todas las religiones europeas. El moderno nombre de Dios procede del indoeuropeo Dyeus Phter que podemos traducir como Dios Padre. El cristianismo asoció el dios cananeo de la montaña, Yavhé, con el Dios Padre de los europeos, por eso se le llama “Dios” a su dios único. Es algo similar a lo que ocurrió en Arabia con el islam, asociando el dios judío con Allah Taala, el dios creador de La Meca en la religión tribal árabe.

  Del indoeuropeo Dyeus Phter deriva Zeus para los griegos, Ius Piter (Júpiter) para los romanos, Dievas para los bálticos… y en nuestra tradición, Diwaz/Tiwaz, el dios Týr, que originalmente fue asociado como Dios Padre hasta que Wotan-Odín asumió ese rol.

Los dioses Æsir suponen un cambio de mentalidad en el IV Milenio antes de la Era Común, lo cual ha sido interpretado de diversas maneras. En la mitología se habla de una guerra entre los Æsir y los Vanir, lo cual puede interpretarse como una guerra entre tribus en las que los Æsir tenían una mayor importancia, frente a tribus que habitaban Europa anteriormente y rendían culto esencialmente a los Vanir. Esto es lo que se conoce como la teoría de las invasiones indoeuropeas. También puede entenderse esta guerra como el choque entre dos mentalidades.

  En mi opinión es bastante más probable que el conocimiento de los metales y la forja diesen especial prestigio a algunas tribus y estas, mediante el comercio, las alianzas y, en algunas ocasiones, mediante la guerra, extendiesen su influencia cultural al resto de tribus europeas. Estas tribus serían lo que hoy llamamos “indoeuropeos”, pues desconocemos como se llamaban realmente. Estas tribus extendieron su lengua (de un modo similar a lo que ocurre hoy con el inglés) como lengua de prestigio, nuevos adelantos tecnológicos y también nuevas ideas religiosas que chocaron en cierta medida con las tradicionales, más naturalistas. Al final lo que se produjo es una fusión entre el sistema de creencias anterior y las nuevas ideas, lo que en la mitología se representa en la paz entre Æsir y Vanir y el intercambio de rehenes.


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